lunes, 13 de julio de 2009

Inusual.



Hoy haré algo que no suelo hacer.

Normalmente suelo escribir para desahogarme, suelo soltar lo que siento y lo muestro, aunque siempre lo codifico. Siempre está en otro plano, con otros nombres, otras palabras, escondido entre metáforas... quizás porque me divierte hablar (escribir) así.

Cuando escribo directamente lo que pienso, lo que siento, sin... complejidades ni escondites, ni correcciones es como si me rasgara el pecho y lo dejara al descubierto. Sé que si quien tiene que leer esto, lo leyera, yo quedaría mal. Quizás porque pienso que aún no es el momento de que lo lea, quizás porque tengo miedo de que no sepa reaccionar a lo que escribo.


Pero, sé que no lo leerá. No lo leerá porque no me suele leer. Porque no entiende mis textos, no los comprende ni le interesan. Sé que no lo hará, porque aunque a veces yo sea capaz de estremecer a personas con tan sólo palabras, a él nunca he podido estremecerle. Nunca sintió un texto mío, ni mis palabras, ni mis sentimientos, aunque muchos fueran sólo para él. Nunca, logré conectar con él de esa manera. Y quizás otros sí. Quizás con otros él si podía decir más que un monosílabo o una frase de 5 palabras para describir un texto de más de 150 que hablaba sobre él mismo. Quizás si valoró los sentimientos o la dedicación de otros.


Y lo siento. Siento no haber podido nunca adentrarme en ese huequito que se encuentra entre su pecho y su espalda. Porque cuando él me decía que no quería perderme, yo me estremecía. Cuando él decía que le importaba, me hacía sentir bien. Sentía que todo lo que hacía valía la pena. Porque cuando yo pasaba mi tiempo con él, yo me sentía bien. Cuando sonreíamos o nos mirábamos, sentía que no estaba sola.


Y sé que nunca nos entenderemos. Que estamos destinados a ciclos sin retorno. A pasarlo bien, y a sufrir. Pero ya no puedo seguir sufriendo.


Desde que le conocí, sentí que era especial. Luego, con el tiempo, me enamoré de él. Y tras mucho sufrir conseguí olvidarme. Conseguí olvidarme de él porque por encima de todo le quería, y me quería a mi misma, y sólo podíamos hacernos daño. Y ahora... ahora que lo que siento es puro. Que no hay barreras, ni prejuicios, ni malos entendidos, veo que da igual de qué manera nos queramos. Da igual cómo lo hagamos, cuánto o cuándo, porque, no somos capaces de estar bien juntos.


Y ¿Sabes qué? Yo pensaba luchar por ti de todas formas. Yo pensaba luchar contigo de todas maneras, contra lo que fuera. Porque pensaba que lo nuestro era de esas cosas que perduran. De esos sentimientos sinceros que se consiguen poco a poco, que son tan difíciles de hallar. Por eso, por eso te regalé aquella pulsera. Aquella pulsera de plata que decía : "Ni el tiempo, Ni la distancia".

Porque elegí ser tu mejor amiga y pensaba seguir siéndolo por mucho tiempo.


Pero, hay cosas contra las que no puedo luchar yo sola.


Y aquí está el texto:



Porque, da igual cuantas cartas ella le mandara. Cuantas veces creyera en él o cuantas cosas le dedicara. No importaban los detalles que ella se propusiera hacer para contentarle. Ni aquellos chistes que hacía en los momentos difíciles, o aquellas veces que iba a visitarlo sólo por estar un ratito con él. No importaban todas aquellas veces que ella se ponía mal tan sólo porque le veía mal. Ni todas las veces que intentara consolarlo. Daban igual los momentos en los que le defendía de aquellos que no le conocían como ella. No importaban las tardes que pasaran juntos. Ni los momentos, ni los recuerdos, ni las anécdotas ni las horas que se pasaban hablando, como si el tiempo no influyera en ellos y no tuvieran qué hacer. Ya no importaban las discusiones ni las reconciliaciones anteriores. No importaba aquellos momentos en los que cuando uno sufría el otro sabía alentarle. Unas veces él… otras veces ella. Los paseos, las conversaciones, las risas. Cuando salían y hacían tareas normales, pero las hacían juntos, porque así era menos aburrido. Cuando hablaban por teléfono hasta que se daban cuenta de lo que costaba. Cuando ella estaba lejos y le echaba de menos. Cuando le regalaba pedacitos de ella para demostrar su cariño y para que él siempre pudiera tenerla presente, y entonces él, siempre los llevaba consigo.


¿Dónde quedaron los sentimientos que decían sentir? Aquella amistad que ella siempre calificó como la más sincera.


Aquellas tardes de lluvia que a él tanto le deprimían y que en las que ella intentaba animarlo. Tantas veces que ella se sentía mal y él intentaba alegrarla. Las mil tonterías que decían. Las partidas de ajedrez en las que ella siempre perdía. Las horas de clase, tan lejanas, en las que se miraban y se reían. En las que ponían caras absurdas mientras el profesor explicaba y cada uno a un extremo, reían. Aquellas palabras que se inventaron. Que repetían. Aquellos obsequios que él le daba por estar tiempo ayudándole. Las canciones que escucharon. Las películas y series que vieron. Toda la gente que conocieron. Tantas veces que se sentaron juntos, que hablaban, reían, discutían… se entristecían. ¿Por dónde quedaron? ¿Dónde están sus miradas, a veces cómplices otras frías? Aquellas miradas que mantenían hasta parpadear. Sus sonrisas. Sus miedos y sus defectos. Sus promesas. Donde quedó aquel papel la primera noche del año. Aquellos regalos que se dieron el día de Navidad. Las cosas que se prestaron. Las cosas que compartieron.

¿Dónde está ella y sus alocadas ideas?

¿Dónde él con su sentido común?

¿Dónde se esconde ella hablando por los codos, y él poco a poco animándose a hablar?

¿Por qué estaban juntos todas esas veces, si ya no estaban en el mismo lugar?

¿Por qué tan diferentes… otras tan parecidos?

¿Por qué dejaron huella por cada sitio que pasaban?


Y… ¿Por qué él no era capaz de sentir nada cuando ella le abría su corazón y tiraba la llave?


Cuando le enseñaba que su amistad era verdadera, valiosa.

Cuando quería demostrarle que ella estaría allí, para que sus días fueran menos aburridos.

Cuando la amistad sobrevivía a cualquier circunstancia.


¿Por qué ella podía estremecer y hacer llorar a tantos corazones, pero no al de él?


Por todos aquellos momentos que estuvimos juntos. Por un sueño sin retorno.

viernes, 3 de julio de 2009

Un instante.



Tanto tiempo preocupada y tú sin aparecer. A nadie más le importaba tanto como a mí, a nadie más le alertaba el peligro que acabábamos de correr y por el que tú aún podías estar pasando. Estábamos todos exhaustos, agitados por el momento por el que acabábamos de pasar y mientras tanto solo podíamos ver a través de nuestros salvadores como la gente caía. Como corrían los tiros de un lado a otro de las oscuras calles.
Todos nos resguardábamos tras las vallas, como si el peligro no pudiera derribarlas y mis ojos atravesaban los huecos entre los cuerpos de los agentes, buscándote. No te veía.
Ya estábamos a salvo, pero no estabas tú y para mí era como si aún yo estuviera en aquél campo de batalla totalmente indefensa. Era tan de noche que sólo veía negro y sombras.

Miraba a todos lados esperando ver tu cabecita sobresalir entre la gente, tan sólo saber que estabas sano y salvo. Y de repente, te vi. Nadie se fijó ni se percató de que una vida más se salvara y saliera de aquel infierno, que volviera con nosotros, pero para mí, aquello significaba más que cualquier cos. Y corrí con todas mis fuerzas hacia al inicio de aquella calle que estaba sobre mí donde tú te apoyabas sobre una barandilla con la mirada perdida. Corrí hasta a ti con los ojos empapados y embriagada totalmente por volver a verte de nuevo cuando más pensaba en el miedo que tenía a no volverte a ver. El miedo que se clavaba en mí como cristales.

Corrí y me lancé a tu espalda con los ojos a punto de derramar un océano y me aferré a ti mientras decía: Por Dios, déjame abrazarte. Joder, no sabes cuantas ganas tenía de tocarte de nuevo, como me moría sin saber nada ti. Pensé.. pensé... pensé tantas cosas. Déjame mirarte a los ojos, dejame besarte...(y le besé la mejilla). Déjame... déjamelo todo le decía mientras estaba allí entre la oscuridad, temblando y él me miraba atónito sorprendido por mi desesperación. Entonces mientras recitaba mi rezado le acaricié la mejilla con mi cara y cerré los ojos hasta llegar a rozar la textura húmeda de sus labios, entonces se lo repetí tras coger aire: Déjame... déjamelo todo. Y me sumí en los juegos de su boca. Me enredaba en su lengua y sus brazos que me recibían con ansia. Me envolví en sus besos como si fuera la primera y la última vez que lo hacía.

Ese fue mi último recuerdo. Es todo lo que conservo.
Nuestro primer y último beso, antes de que el negro de la noche y las balas nos cubrieran de arriba a bajo. Antes de volvernos fríos e inmóbiles piezas de guerra, con las manos entrelazadas en un suelo inerte y escarlata.

Y ahora, sólo me arrepiento de no habertelo dicho antes y haber disfrutado más tiempo del milagro de tus besos.

Te seguiré por toda la Oscuridad hasta encontrar de nuevo tus labios.

jueves, 18 de junio de 2009

El frío aliento de un oculto candor.


Ella se le acercó sin dejar de clavarle la mirada. Se puso a escasos centímetros de su cara mientras él la miraba con los ojos confusos y abiertos sin entender porqué ella lo miraba de esa manera y porque se atrevía a romper aquella intimidad.

No cabían en sus ojos más miedo. Él no podía dejar de mirar sus labios porque su mirada le hacía daño a la vista, le volvía vulnerable. La situación no podía ser más extraña para ambos. Y ella respiraba fuerte, mientras su pecho se movía rápido y se incrementaba la velocidad. Era como si el aire entre los dos no fuera el suficiente. Como si ella estuviera luchando por dentro contra ella misma.

Él se quería mover y romper aquella tensión, pero estaba paralizado por la reacción de ella. ¿Por qué?

Ella comenzó a llorar y sus lágrimas resbalaban por sus mejillas, mientras el aire fresco de la noche les movía el pelo, y les enfriaba a ambos la piel de los brazos y el cuello. Él comenzó a parpadear y quiso que parara, que ella dejara de una vez de llorar, pero él no podía reaccionar y no hacía nada. Le crecía un nudo en el estómago que sse volvía más y más grande cada vez que la veía mirándole con los ojos empapados en impotencia. Cada vez que veía como sus labios no dejaban de resoplar porque le costaba coger aire.

El viento hacía que el pelo de ella le acariciase el cuello y transportase su olor. Un olor dulce que le atormentaba los sentidos. Todo era tan confuso. Y el aire cada vez les erizaba más la piel.

Entonces ella apretó los labios intentando parar de respirar tan fuerte, y era como si los gritos salieran por sus ojos. Le puso una mano sobre el hombro mientras él seguía impactado, y se dio cuenta de que ella estaba temblando. Ella se fue acercando poco a poco con los ojos llorosos a él, gimiendo mientras apretaba los labios. Se acercaba con los ojos cerrados con fuerza y la cara empapada, sin parar de temblar y apoyó suavemente su cabeza sobre el cuello de él.

Gimoteaba sobre él mientras él seguía inmóvil ante tanto dolor y se le erizaba la piel del cuello en contacto con sus lágrimas. El olor de su cabello lo mareaba, y solo era capaz de cerrar los ojos e inhalar profundamente aquel aroma.

Ella no contuvo más su llanto y gritó. Lloraba a lágrima viva sobre su hombro y él con un escalofrío en el cuerpo despacio la rodeó con sus manos para consolarla. No sabía muy bien como hacerlo así que fue muy incómodo, pero era lo que creía que debía hacer. Ella se apresuró y le apretó fuerte contra sí, apretando con sus dedos su espalda, con miedo a que él se convirtiera en humo y se desvaneciera en cualquier momento.

jueves, 28 de mayo de 2009

De madrugada


En la vigilia es a veces
cuando más cuerdos estamos.

Cuando mejor entendemos
la cantidad de sandeces
de las que ya hemos hablado.

Las ironías del tiempo.

jueves, 21 de mayo de 2009

Hasta luego.


En su casa de Montevideo. Allí nos deja una de las celebridades más humanas de la poesía.
Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia.
Ni un nombre menos de los cinco que le pusieron. Ni un año menos de los 88 que vivió, sin su octogésimo octavo verano.

Allí nos dejó, en Uruguay. Pero nunca dejará de revolotear en nosotros con cada uno de sus versos. En cada sensación, cada sonrisa, en cada pelo que me erizó y en cada enseñanza que aprendí con sus palabras.

Tan corto el encuentro. Y ahora que por fin aprendía de un poeta vivo... nos deja.

Ayer leyendo sus poemas en el Inventario este me llamó la atención:


Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la misera y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.


Mario Benedetti.


Grande entre los grandes, nunca se marchará del todo.

sábado, 16 de mayo de 2009

No.




Bonita canción.

Cosas que acaban. Cosas que empiezan. Cosas que perduran.

El tiempo seguirá pasando queramos o no.

Ya es hora de habituarse a su ritmo, ¿No crees?






Me volvieron a inyectar el oxígeno a la fuerza.
Y mientras él recorría cada conducto y mi sangre se aceleraba...

Tan sólo fui capaz de respirar, y dar las gracias.

domingo, 3 de mayo de 2009

Enmeda tus errores

Hoy dejé de predicar con el ejemplo que me enseñaste. Sé que podemos exagerar cuando la tensión nos come, pero no me es grato ver en mí algo que no es corriente.

Algo que estoy más que harta de difundir aunque la gente no me tome en serio. Algo de lo que me sentía orgullosa de entender y de haber aprendido. Y ahora me siento defraudada. Me siento defraudada por defraudarte. Incómoda.

Me he pasado esta corta vida aprendiendo de ti. Aprendiendo que si uno no trabaja y no se esfuerza no conseguirá nada. Aprendiendo que debemos olvidarnos de lo que hacen los demás y obrar como creemos correcto. He aprendido que no aprenderás a valorar un detalle hasta que te decepcionen y por eso debes librar a los demás de lo que tu has sentido en tus propias carnes.

Siempre con una sonrisa en la cara. Siempre intentando romper la tensión. Intentando sacarme adelante, sacarnos a todos. Descuidándote a ti misma por velar nuestra salud, tanto física como emocional. Demostrándonos cada minuto que somos razones por la que existir. Demostrándonos que podemos con todo lo que se nos ponga delante, que las limitaciones se vuelven cristales cuando las escuchamos de tu boca.

Y hoy me despreocupé. Hoy acaté el camino de menguar la importancia, intentando ser como el resto del mundo. Ya no era el seguro que todos esperábamos. Dejé de ser la que siempre se preocupa por no deufradar y se pasa la vida sermoneándo al resto del mundo intentando que todos obren de la manera que ella cree que es más correcta. Dejé de ponerme en el lugar de otro para simplemente ignorar. Para devaluar. Y eso no me ha hecho feliz.


No me siento orgullosa. No me siento satisfecha. Tampoco me siento tan terriblemente mal, no quiero sacar las cosas de contexto, pero la verdad es que no me gusta esa faceta. Hacer tú también lo que les dices a los demás que no es bueno hacer. De nuevo un saludo a la hipocresía. Al menos puedo darme cuenta de que es un fallo que aunque sea normal, no puedo permitirme. No debo permitirme. Y con ello no quiero decir que no me vuelva a despreocupar, porque soy humana y me equivocaré constantemente, pero debe haber algo dentro de mí que luche por mejorar, que combata y que cada vez haga que ocurra lo más mínimo.
Que pueda dar ejemplo de que es posible intentar hacer el menor daño posible a los demás.

Posiblemente no sepas del todo que no solo has sido imprescindible sino que además has sido la pieza clave para que yo hoy sea lo que soy. Has sido quien me ha animado a seguir adelante todas las veces que me he caído. La que me compone los pedazos. Y la que no sólo me dio la vida sino también la que me la devuelve todos los días.

Y... a veces no somos capaces de demostrarlo a diario, ni siquiera a menudo.
Pero, es que nunca tendré suficiente con lo que agradecerte.

Gracias por hacerme vivir y por acompañarme continuamente.

Te quiero.

Puede que me arrepienta de subir la foto porque no me gusta subir fotos personales, pero... al menos hoy te la mereces.

lunes, 27 de abril de 2009

Cálido.


Aún recuerdo cuando escribí este poema, dónde y por qué. También recuerdo que fue tras la lectura de un gran poeta chileno que desgraciadamente ya no nos acompaña en nuestros días. Sus profundos poemas han llegado a oídos de todos marcando sus versos en cada poro de nuestra piel. Imposible no conocer uno de sus versos más famosos que reza:

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.

Implacables los versos de Neruda que se recopilan en su obra Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Su lectura, junto a una cálida tarde y a mi fijación por expresar al mundo los sentimientos más espontáneos y por conservar cada uno de tus recuerdos me llevo a escribir algo diferente. Simplemente un acercamiento a poder ilustrar con palabras fugaces segundos, quizás minutos en los que mi atención se volcó en tu figura, queriendo traspasar tu cuerpo. Este poema no es mejor ni peor que cualquier otro que haya escrito, tan solo diferente. Y solo por ser diferente merece que lo ponga aquí.


19.02.09

Tibio.

Como las veraniegas tardes percibo tu cuerpo.

Te observo cuando tus ojos caen rumbo al suelo
y apoyado se alzan tus hombros.


Dubitativo.
Dueño de la insatisfacción y presa del silencio.

No eres consciente de los movimientos de tus manos
ni de la encarnizada lucha que corre entre tus dientes y tus labios.


El vacío te golpea el pecho,
mientras una extraña sensación te invade.

Una falsa paz y un desconcierto se suman en tu persona.
Desaparecen las ganas.

Tu voz se apaga nuevamente
y cuando toma impulso
es como si hasta ella dudase de su mera existencia
y sólo se encuentran en tí ecos.

Ecos de las palabras que salieron de tu pecho
y nunca llegaron a rozar tus labios.
Pensamientos que en tí se ocultan
y
de los que ni tú mismo albergándoles eres fiel a ellos.

El silencio que guardas te libra
de las mil y una amarguras que pueden causar las palabras,
pero te privan a su vez de las delicias mismas.


¿Cómo vives sin sabor muchacho,
cuando mi lengua arde por probar el cielo de tu boca?

Las sonrisas que por ti nacen saben más dulces.
Tus miradas prolongan la efímera vida
de las mariposas que me nacen bajo el pecho,
alborotándolas incesantes por salir de mi boca.

El perfume de tu piel se adentra en mí

creando adicción y dependencia.
Adormeciéndome en la más dulce sensación,
tanto que me hace creer que capaz sería de vivir
con tan solo respirarte.


Y en ocasiones me pregunto
porqué mis ojos te observan.
Y como a muchas preguntas,
quedo yo sin respuesta.

domingo, 12 de abril de 2009

C.


Anoche nació una nueva testigo de mis historias.

Me acompañará en el camino para contarle al mundo cada paso importante.


Para mostrar desde mis ojos mi propio escenario.


Abrirá puertas. Se convertirá en la vía de descargue de las oscuras ansiedades.

Testigo. Instrumento.

Quizás el escape que necesitaba.

Bienvenida seas.

jueves, 9 de abril de 2009

Abre las puertas


Tanto miedo nos da sufrir.

Tanto miedo nos da volar.

Tanto miedo nos dan los cambios.

Que no arriesgamos por miedo a perder lo que tenemos.

Nos quitamos vida.

Nos robamos tiempo, felicidad, sufrimiento...

Evitamos vivir.



Sé que voy a sufrir.

A llorar, a reir, a ser feliz.

Sé que las cosas cambiarán y cambiarán, que nunca serán iguales.


Pero no dejaré de intentar mejorar las cosas por miedo a perderlas.

No dejaré de intentar ser feliz porque sufra.

No dejaré de hablar por miedo a que tu calles.



Porque el miedo lo dejé dentro de la jaula cuando me eché a volar.
Porque allí se consumira sin mí.



Ya no tengo qué ocultar.

sábado, 28 de marzo de 2009

Lluvia


Llovió. Intensamente.

La lluvia se convirtió en mi espejo. Como los sentimientos, las gotas cada vez más grandes y concisas, me golpeaban la cara precipitándose contra mis pestañas. Contra mis manos, contra mi pelo, mis labios.

Y vi como corrían los torrentes, como fluía el agua.

Sentía esa humedad en la piel.

Aun no comprendo como pasé del frío al calor. Como pude sentir la calidez en contacto con el frío de la lluvia.


Quizás siempre me ocurre igual, y soy capaz de aguantar el poco calor que me entregues a pesar de todo el frío que me des.

Vivir entre la humedad que tanto me recuerda a... tu boca.

sábado, 21 de marzo de 2009

Soy


Con el sonido del fluir de las aguas , mi mente es capaz de viajar por torrentes.

Soy capaz de romper la consistencia de la arena... con tan solo deslizar mi mano sobre ella.

Capaz de sentir el frío de las olas en cada uno de los dedos.

Capaz de sentir la brisa y el olor a sal.

Soy capaz de olvidarme y capaz de recordar.

Capaz de sentir el dolor... capaz de aguantarlo.


Soy el aire... que vaga en susurros.


Soy tu boca cuando pronuncias mis palabras.


Soy tu sonrisa, soy tu tristeza.


Soy los recuerdos.


Soy el amor. Soy el olvido. Soy el pesar.


La compasión y la desdicha.


El amargo silencio.


La reciente impasibilidad.

Soy el vacío de los huecos que dejaron.

La plenitud de quienes me llenan.


Soy...

viernes, 20 de marzo de 2009

Resbala...

Resbala, resbala , resbala, resbala.

Mézclate con la nada.

Vamos,

Esfúmate

Vuélvete etérea.


Hazlo antes de que vuelva.

Hazlo antes de que llegue.

¿No oyes ya sus pasos?

Rápido.


Tienes que irte y no volver jamás.

Fúndete en lo incierto de lo efímero.

Daré las gracias por tu visita

Pero ya vete.


Nunca vuelvas a dejar que la angustia te abrace.

Desaparece.

Recúbrela del blanco puro del no sentir.

Se acerca.

Vuelve a la carga y quién sabe si con más fuerza.

Te lo ruego, vete.


Escóndete en el mar.

Bajo las aguas.

Viaja suavemente con el viento.

Pero no vuelvas.

Vete.


Antes de que te encuentre

Antes de que te envuelva.

Antes de que la historia se repita otra vez.

jueves, 26 de febrero de 2009

Confianza.

"Si oyes una voz
dentro de ti diciéndote ‘no sabes
pintar’, pinta, faltaría más, y la
voz se callará"
Vincent Van Gogh.



“Lo que un hombre piensa
de sí mismo es lo que
determina su destino”
Henry David Thoreau



La confianza es definitivamente uno de los engranajes imprescindibles para el correcto funcionamiento de la máquina de nuestros sueños y objetivos. Sin ella, la máquina se paraliza y deja de funcionar. Ya puedes poseer todos los mecanismos que tú quieras, que sin ella, no funcionará correctamente.

El miedo a fracasar muchas veces nos inmoviliza volviéndose un obstáculo en nuestro camino. Lo intenté y falle. ¿Qué se supone que hago ahora? No quiero volver a fracasar.

Claro, si las cosas no son perfectas, no sirven ¿no? Resulta que la única manera de que las cosas se asemejen más a nuestro concepto de perfección es practicando y fracansando para que fracaso tras fracaso podamos corregir errores y limar asperezas. Pero nuestra "gandulitis crónica" siempre nos hace ir por el camino más fácil y práctico, por el que podamos obtener resultados inmediatos, obviando si los resultados son los óptimos.

¿Nunca les pasó que jugando a un videojuego (sobretodo aquellos como Super Mario, Crash Bandicoot o Sonic que eran de plataformas) empezaban la fase y la intentaban hacer perfecta a toda costa? Está bien, vamos a explicarnos más y mejor. Por ejemplo, en el videojuego de Crash Bandicoot había que recoger manzanas (a las 100 se convertía en una vida) y que romper cajas. Algunas cajas eran especiales y además estaban unas piedras que debías conseguir para continuar en el juego.

Luego habían algunas fases que eran en continuo movimiento y tenías que estar atento para que no se te quedara nada sin coger. Pues bien, al principio cuando no se tiene mucha experiencia es imposible coger todas las manzanas o romper todas las cajas. Sí, puedes superar la fase sin coger todas las cosas, pero no es lo mismo. No sabe igual. Una vez pasas la fase tu próximo reto consiste en hacerla perfecta, sin un fallo. Y para conseguirlo necesitas jugar muchas muchas veces.

Vale, ahí es donde quiero
enfatizar mi reflexión. Cuando empezabas a jugar y de repente veías que se te quedaba algo atrás y por lo tanto tu partida no sería "perfecta", lo mínimo que tenías que hacer era tirarte por el acantilado o en su defecto estamparte contra un monstruo para acabar esa partida, y así volver a comenzar una en la que poder obtener todas las cosas. Era así de fácil. Algunas veces sólo tenías que quitar los dedos del mando y esperar un instante a que se avalanzaran sobre , o si no como dije "suicidarte" para renacer puro y limpio. Así pasaban las partidas y partidas hasta que tras mucho practicar llegara el día en que lograras hacerla perfecta y pudieras proseguir con otra fase.

La vida real lamentablemente no es como en los videojuegos. Si fallas, no puedes suicidarte o esperar que te maten y comenzar una nueva partida. La perfección no existe. Así que la única manera de seguir la partida es aferrarnos a lo que para nosotros es "lo óptimo" y confiar en nosotros. No por no conseguirlo todo el mundo se acaba. No por fracasar, se dejan de conseguir objetivos.

Fracasar es un paso más, no un fin último.

lunes, 16 de febrero de 2009

El falso Espejo


El falso espejo (1928) René MAGRITTE.

Para crear esta pintura surrealista, Magritte se inspiró en un grabado del arquitecto del siglo XVIII C.N. Ledoux. Además, gran importancia tuvo en la obra un verso del poeta surrealista Paul Éluard que dice así:
"En los ojos más sombríos se encierran los más claros"


Los sentimientos. Las emociones.
Obsesionados por querer derrocarlos a un segundo plano no somos capaces de reconocer su importancia.
Cuanta razón tenía el escritor británico Graham Grenne (el cual para mi curiosidad nos abandonó exactamente un día antes de mi nacimiento) cuando dijo:


"Llamamos Sentimentalismo a los sentimientos que no compartimos"
La incomprensión y la indiferencia humanas nos conducen a un pronunciado egoísmo, en el cual nos creemos únicos protagonistas y dueños de las emociones. Mártires de la situación. Agonizantes personajes que sufren infinitamente cada una de sus dolencias. Pero todo se torna de otro color cuando dejamos de mirarnos en el espejo para observar al resto de seres vivientes.
Entonces, todo puede llegar a ser tan superfluo y trivial. Tan dramático. Observar las emociones ajenas nos produce... un extraño sentimiento de impasibilidad, de fortaleza.
Con esto de nuevo vuelvo a remitirme a refranes y es que "Mal de mucho, consuelo de tontos".

"Me considero más fuerte por no sufrir tus dolencias. Me considero más fuerte por no rebajarme a sentir lo que tú sientes. Más fuerte, por no llorar. Más fuerte, por no gritar. Más fuerte... por no sentir.

Sé controlarme mejor, y por eso soy más fuerte. Por eso, no soy tan sensible. Por eso, los sentimientos... no importan, no me afectan."

¿Cuánto egocentrísmo podemos albergar en un cuerpo adulto? ¿Tanto? ¿Cuándo nos daremos cuenta de que no somos los únicos seres con sentimientos?. ¿Cuándo reaccionaremos y aprenderemos a ser más sensibles para poder entender mejor a los demás, al sufrimiento ajeno?.

Quizás no hoy. Puede que tampoco mañana.

Si no nos comunicamos, jamás podremos entendernos. Seguiremos individualizando emociones, creyéndonos los más especiales y a la vez, los más fuertes.

Si no te expresas, no puedo apreciar lo que piensas, lo que sientes.
Entonces nace el Arte.
Porque con él entendemos poco a poco mejor cada día a los demás.

Porque con el Arte mostramos al Mundo nuestros sentimientos y nuestras emociones. Nuestros pensamientos e incertidumbres. En busca de una respuesta del Mundo.

Emitimos un mensaje para aquél que quiera recibirlo. Y así poder mejorar la comprensión entre unos y otros.

Lamentablemente, muchos de aquellos emisores tan importantes no podrán recibir una respuesta nunca más, pero su mensaje perdurará para siempre en las mentes de aquellos en los que se instalaron y dieron fruto, sirviendo de inspiración, ayudando a crear una mayor tolerancia y a enriquecer almas difusas e incompletas.

El arte.
La pintura. La escultura. La arquitectura. La literatura. La música. La danza. El cine.

Elige la manera que prefieras para expresarte, pero házlo.


Y me mostraré al mundo como un cristal buscando que el mundo se vuelva más cristalino.

viernes, 6 de febrero de 2009

Frío.


Llovió toda la noche.
Incansablemente.

Y cada estrepitosa gota de lluvia se sumía en el silencio.
Quizás en el silencio de los ignorantes, de aquellos que callan por miedo a no saber lo que dicen.
O puede que fuera el silencio de quienes viven en armonía, los que no necesitan pedir más de lo que tienen.

De una manera u otra, yo callaba. Sellando mis labios a la amargura de las palabras.


Y mi silencio era frío. Húmedo.

Como aquella apacible noche en la que mis mariposas no dejaban de revolotear y yo cerraba los labios con fuerza, por miedo a que salieran.

domingo, 25 de enero de 2009

Huida.

Una huida más, una huida menos... poco importa ya. Total.

Algo dentro de tí te pide salir. Algo dentro de tí te pide cambiar. Ese puñetero algo te lo implora de rodillas.
¿Qué es lo que quieres? ¿Huir de la realidad?

No, quiero encontrarme con ella.

viernes, 16 de enero de 2009

?

¿Si?
Si.
¿Estas segura?
No.
¿Y entonces?...
¿Entonces qué?
¿No entiendes que puedes crear muchos problemas?
En este momento eso me importa más bien poco.
¿No te parece egoísta?
Si. Pero es mi vida.
¿Y nosotros? ¿Y todos? ¿No te importamos?
Nunca podrán entender cuanto me importan en realidad.
¿Por qué lo haces?
No lo sé.
¿Eres imbécil?
Quizás lo esté siendo.
Pero...
Déjalo. No lo vas a entender...
Siempre eres igual, explícamelo
Sólo conseguiría confundirte más, olvídalo.
Te arrepentirás... lo se.
Posiblemente, si es así, ya nos veremos.


______________
______________

¿Por qué?

...

No existen respuestas para preguntas no formuladas.

No busco la respuesta... busco la pregunta.

Preguntame exactamente lo que quiero oir... y sabré responder.


Hasta entonces,
Consuélate con mis...
No lo sé.




domingo, 11 de enero de 2009

Adelante.



Ineludiblemente ya es hora.

Si no quieres... Nunca podrás.

Pero yo quiero y estoy harta de no poder.

Es el momento, es ahora.

Inténtalo.Inténtalo.Inténtalo. Si no lo consigues...te harás más fuerte.

Ganas. Intención. Voluntad. No lo consiguen todo, pero sin ellas, no se consigue nada.

Se que puedo, que soy capaz, y que si me equivoco podré salir adelante y aprender de mis errores.

Así que... ¿Por qué seguir esperando?

Aprende. Enriquécete. Experiencia.

Vas a oír mi voz. A sentir mis pasos. Y no me hará falta estar sobre nadie para sentirme bien, porque hay tantos que confunden autoestima con omnipotencia...

Más critica. Más firme. Más decidida.

Se acabó. Porque sin darme cuenta he podido superar tantas cosas... que se que no debo asustarme, lo que no me mate... me hará más fuerte.



Empezamos 2009. Finiquitaremos 2008.



Piensa por qué no tienes lo que quieres... Deja de obsesionarte con lo que los demás hagan que no te permita conseguir tus objetivos. Ellos... son ellos. Así que controla tu futuro en lo mayormente posible, contrólate a ti mismo. Intenta reflexionar sobre todas aquellas cosas que TU haces que te limitan y arrebatan tus propios objetivos. Y cámbialas... No lo serán todo... Pero sin ellas, no conseguirás nada.

No tienes derecho a quejarte de los fallos ajenos si ni siquiera intentas corregir los tuyos propios.

Y si no quieres cambiar... si no lo aceptas...

Deja de quejarte,


Porque tienes derecho.

martes, 23 de diciembre de 2008

Tiempo.



Hoy es 23 de Diciembre ya. Mañana será nochebuena.

A medida que crecemos el tiempo se apresura y se vuelve violento. Pensar que hace unos años se me hacía eterna la espera desde 6 de enero a 6 de enero. Aquellos días en los que mis mejillas rebosaban ilusión, en los que no lograba conciliar el sueño la noche pre-días especiales.

Siempre me ha encantado regalar, sentir las sonrisas agradecidas. Estas cosas realmente tienen un valor incalculable, y muchas veces cuando recibo un regalo, no se como reaccionar. Sea lo que sea, siempre pienso más allá. A ver, me explico. Cuando recibes un regalo, teniendo a parte si el regalo te agrada mucho o poco debemos abstraer del regalo en sí el acto de regalar. ¿No es bonito que alguien se moleste y haga/compre/escoja un presente perdiendo sus propias fuerzas/dinero/tiempo en algo exclusiva y especialmente escogido para tu persona?

Que piensen en ti. Que se acuerden. Y sobretodo que les nazca dártelo. Ya puede ser la cosa más simple y banal del mundo, que si es de esta manera yo lo recojo con los brazos abiertos.

Qué dificil es a veces regalar. Me rompo la cabeza pensandolo algunas veces. Otras escojo lo primero que creo correcto. Pero siempre, de alguna u otra manera he tenido la costumbre de cuando dispongo de tiempo y de medios hacer notar mis regalos. No por destacar, sino por el hecho de: trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti.

Muchas veces se podrá opinar que este tipo de pensamientos son inútiles. No es que se busque un mismo trato del resto del mundo. No es que se regale esperando que la justicia responda de igual manera, ni muchísimo menos. Simplemente es que la mejor manera de obrar es de la que creemos más acertada. Si cada cual obrara de esta manera, crecerían las sonrisas por las esquinas en estos tiempos de calor humano.

Y habrá quien diga: "Si hombre, ¿tú crees que la gente haría eso por ti?" Realmente, no me importa. Solo si no recibes regalos puedes darte cuenta de lo importante que son. Solo de esa manera puedes apreciarlos en su totalidad. Eso es algo que me han enseñado desde muy pequeña, y que aprendí bien. Gracias a dios, nunca podré quejarme pues la generosidad de mis padres rebosa lo estipulado y lo mejor que he podido hacer es responder a ella con mis medios. Pero en otros ámbitos la cosa cambia.




Bueno. Como bien dije antes ya es 23, y el tiempo va sin frenos. No llevo ni 5 días de vacaciones de Navidad y ya siento el agobio en la nuca. A lo que me refiero es que quiero aprovechar en la medida de lo posible estas vacaciones. Un tiempo para mí.

Así, me encuentro ahora mismo en un estado de: "Quiero hacer mil cosas, puedo hacer mil cosas". Estoy leyéndome un libro de Jorge Bucay que le regalé a mi madre las navidades pasadas, "El mito de la Diosa Fortuna". Muy interesante, como no.

Además, debido a mi afán de querar estar en la misa y a la vez tocando las campanas, estoy por terminar La metamorfosis. La verdad que no es un libro extenso, lo puedes leer en un ratito. ¿Problema? Cuando empiezo a leer son las tantas de la madrugada y cuando mis ojos en su expléndido cansancio comienza a confundir letras y hacer movimientos extraños, debo dejarlo para otro momento. Aparte sigo con otros libros como mi querida Rachel que más bien parece Claire se queda sola, porque la tengo abandonada a la pobre. Y aun tengo por leerme un libro de Jordi Sierra i Fabra que me prestó Bea.
¿Conclusión? Estos días finiquitaré mis lecturas. Además tngo previsto ver unas peliculas que llevan tiempo esperando, y algunas cosas más.


Para esta nochebuena quiero hacer algo especial. Mi madre llegará un poco más tarde, así que (aunque ella dejará en medida de lo posible las cosas) yo me encargaré de preparar la cena. Así me gustaría que lo enanos (llámense así a mis 4 hermanos menores) hagan algo conmigo, pues de seguro ya escucho el el quejido saliendo de sus bocas dicendome: Neri... ¿Podemos ayudar? ¿Qué es esto? ¿Qué haces? A mí eso no me gusta... Por lo tanto pienso hacer algo especial con ellos para desquitar su afan de ayudar e incordiarme. Mi padre seguramente descansará asi que tomaré el mando en la cocina. Oh si. Como me gusta tomar el mando...
Creo que les haré hacer galletas. Algo de repostería donde poder cansarles y aver que me aconseja mi madre hacer de cena.

En fin. Estos días vivo a base de chocolates calientes, capuccinos, libros, peliculas y mantas. ¡Qué felicidad por dios! (Si no mencionamos los deberes que tengo que hacer claro..) Para colmo mi habitación está más acogedora que nunca no sé por qué. En estos días la decoraré ( más si se puede).


jueves, 11 de diciembre de 2008

There is really no way to reach me.

... ...

Realmente no hay manera de llegar a mí.

Porque ya me he ido.


La música. En los peores momentos te calma o te atormenta. Anoche no sé ni cuantas veces escuché esta canción (el vídeo que está más adelante). De cierta manera me alimenté de ella hasta altas horas de la mañana.

¿Qué haces cuando agotas todo lo que te rodea? Qué hacer cuando empeora todo mediante una fina red que todo lo entrelaza. Tienes ganas como dice la canción de coger el último billete de ida e irte.

Tuve ganas de salir por la puerta y huir, como una cobarde. Pensé que no podría levantar el alma de nuevo conmigo. Aislada durante horas. Escuchas... Respiras... incluso aveces hablas. Pero todo tiene el mismo sabor.

Las agujas del reloj te pinchan continuamente, recordándote que ellas continúan, que están en movimiento, mientras tú te vuelves de el color del hueso, mientras te endureces y te vuelves rígida y fría como el mármol. Y tu cuerpo, en tal estado aun tiene la insolencia de dejar caer centelleantes estrellas fugaces que recorren tus mejillas ardiendo como el más puro fuego. ¿Qué haces? ¿No ves que me volví de hielo? ¿Es eso todo lo que eres capaz de hacer?

Me anclé a la tercera de estas cuatro paredes. Agote mis voz. Te pasas la vida aprendiendo y diciéndole a la gente que no puede dejarse vencer, y caes. Caes estrepitosamente. No como antes, pero sigue siendo una caída.

Y cuando sientes que todo da igual, cuando pasas las horas con la mirada perdida esperando que algo te devuelva la ilusión, cada vez el cielo se oscurece más. De nuevo de noche.
Quieres gritar, mandar todo a la mierda, quieres...
Pero no tienes fuerzas. Te haces pequeña, rígida, nula. Neutra.


Si no fuera por ella no me habría levantado.

Si no fuera por ella muchas veces no habría podido seguir adelante.

Si no fuera por todos ellos me iría sin pensarlo dos veces.

Si estoy aquí ahora, es por su maldito apoyo incondicional, porque no solo me dio la vida.

Ella también me la devuelve todos los días. Y él aunque de distinta manera, se rompe por mí. Nunca haré lo suficiente para hacerle saber cuánto le agradezco todo.

Se rompen por mí. Dan y darían cualquier cosa por mí . Por todos nosotros.

Y eso es lo que me hace renacer. Lo que me demuestra que vivir no es sólo por uno mismo. Es pensar en ellos. La sangre que corre por mis venas y la suya es la misma.

Ese jodido vínculo no va a cambiar durante toda mi existencia. Por eso he de seguir. Si me caigo volverme a levantar. Porque si continúo es por y para ellos, no solo por mi.

No hay en la Real Academia de la Lengua palabras para describir este tipo de cosas.

Aveces los odias. Otras no los aguantas. Te quejas. Te revientas. No les entiendes. Pero al fin y al cabo, sólo eres capaz de dar gracias por tenerles. Gracias por no estar sola, porque te acompañen, te quieran. Y no pidan a cambio más que tu propia compañía.

Además del top ten, encuentras personas que son más de lo mismo. No tienen tu sangre, no tienen tus ojos, tu nariz, no viven contigo, pero te muestran su apoyo cuando lo necesitas. Los sientes cerca, de una manera casi irreal. Su calor... traspasa mi cuerpo.

Personas que poco a poco han ido ganándose un huequito en ti. Personas que no saldrán facilmente de tus entrañas. Que son capaces de sacarte una sonrisa mientras el desconsuelo tira de ti con fuerza. Que sufren contigo, que te hacen sentir especial, que te enseñan a vivir.
Incondicionales, y que tú muy pocas veces le muestras lo importantes que son para ti.

Quiero llorar. Quiero llorar y que me calmes. Quiero que calles mis sollozos mientras acaricias despacio mi pelo. Que mientas. Dime que todo irá bien. Enséñame de nuevo el amanecer.

Porque algunas veces pienso que no hay manera de llegar a mí, y que quizás me he ido.

Necesito saber que aún sigo aquí...



Esta es la Canción. Vienna, de The Fray. Este grupo cobra gran importancia en mis recuerdos y parece ser que seguirá con su trayectoria. De todos los vídeos con la canción este fue el que más me gustó, con escenas de El viaje de Chihiro, nada que lo exprese mejor. Miyazaki, uno de los grandes.

Disfrutenlo con calma.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Silencio.


Me voy. Hoy quiero salir. Quiero coger una mochila y llenarla hasta los topes: una cámara, una libreta, boli, el móvil, el mp4, mis libros por leer. Me llevaré las gafas, por si acaso. Me llevaré una foto. Un abrigo, una bufanda, una botella de agua, dinero. Mis zapatillas desgastadas que tanto me han acompañado, como privarlas esta vez. Llevaré conmigo mis colgantes, mis pulseras. Me pintaré los ojos. Antes de salir releeré todas mis cartas.

Entonces pasaré el umbral de la puerta de mi casa, saldré al pasillo, y sin pararme a mirar abriré la puerta que da al exterior. Estoy fuera. Quiero salir. Ya no son paredes lo que me encierran. Tengo que ir lejos. Me pongo los auriculares y continúo.
Se me acelera el pulso, comienzo a caminar más rápido. Siempre estoy mirando al frente, pero estoy harta de ver siempre lo mismo. Quiero cambiar, quiero viajar, conocer.

Quiero no tener que volver hablar. Quiero seguir al silencio. Aislarme el tiempo necesario.
Necesito salir de la monotonía a la que me han condenado. Necesito el mar. Necesito el campo. Reventaré.

Me dirijo una vez decidido al medio de transporte más cercano y barato. Una parada de guaguas.
Aun es muy temprano, las 7:35 de la mañana. Cogeré el próximo sarcai que se dirija más lejos. Allí volveré a coger otro, hasta que me harte. Comenzaré a fotografiar todo lo que vea, traigo conmigo todas las tarjetas de la casa. Suficiente espero. No abriré los labios. Me limitaré a observar. Hay tantas cosas que aún no he visto.

He llegado al campo. ¿Dónde exactamente? No lo sé. Solo sé que está muy muy verde, que no hay cobertura y que sería lo más sencillo del mundo perderse. Pequeños pueblos. Casas todas iguales, todas dispersas, preciosas. Llenas de color, de frescura, de naturaleza. Calles de piedra, fría y húmeda. Y más abajo, el barranco, las colinas, las montañas.

Son casi las once y está empezando a lloviznar, menos mal que me me traje el abrigo. Será mejor que me resguarde o la mochila comenzará a soltar chispas. Me pongo bajo un árbol, me seco la cara y saco la libreta, necesito escribir. Aunque se moje, se rompa el papel... necesito escribir. Escribir hasta que ya no quede tinta. Mi voz ya no tiene uso. Sigo escribiendo y cuando me doy cuenta estoy jadeando. El frío es mayor y raros son los pocos rayos que traspasan las nubes. Un dolor punzante me golpea la cabeza. Estoy mareada. Miro la libreta detenidamente. Páginas y páginas. ¿Cuando escribí yo tanto? El tiempo aumenta mis delirios. Traidor, no me condenes a tus trances, ya tengo bastante con lo mio. Miro la hora, la una y media y sigo mareada. Me recuesto sobre el árbol y respiro...


[*TBC]