viernes 30 de octubre de 2009

De vuelta


Siempre he tenido esas imperiosas ganas de salir y dejarlo todo atrás.



He tenido ganas de romper los sentimientos que tanto daño me hacían. Ganas de tirar por la borda el trabajo de meses y años para abandonar o liberarme según fuera el punto de vista.

Soñar con volverme aire, con ser totalmente libre y no tener deberes ni responsabilidades.


Vivir acorde a las notas de un piano, acorde a la suavidad de los pétalos...


¿Qué me deparan los días?


Ya no creo en nada.


Sólo en que la realidad de hoy, es que nada es como ayer.



Ya nada será igual.

lunes 17 de agosto de 2009

Para pensar

Ayer, cojí carrerilla y terminé "El fenómeno de las Fans".
¿Qué pasa?
Que cuando me pongo a leer es antes de irme a dormir.
¿Y qué?
Pues que no suelo estar mucho leyendo porque el sueño me puede.
¿Y todo esto?

Pues bien, primero quería dar las gracias a Bea por prestarme el libro (y por ser tan paciente, ya que lo tuve durante meses esperando) y decirle que tenía razón, no sólo era entretenido y fácil de leer sino que hace pensar. No sé qué tendrá Jordi Sierra i Fabra pero cuando escribe, muchas veces deja caer frases que consiguen dejarte absolutamente sin palabras. Cada vez que leía alguna que me gustara, rompía un pedazo de papel de donde podía y lo usaba de marcapáginas (Tranquila Bea, nunca del libro jaja). Y luego, para mi sorpresa resultaba que al final, además de artículos de una psicóloga que estaban muy bien la mayoría, te trae un recuento de frases destacadas en el libro.

Prefiero vivir con mis errores que con los de los demás.

El éxito es un mal amigo.

La cultura es absorber la vida, sentir las cosas, tener conocimientos y emplearlos cuando, como y donde convenga.


Y la frase que me enamoró:


Los poetas crean castillos en el aire, los locos los habitan y los psiquiatras cobran el alquiler.

miércoles 12 de agosto de 2009

Visita


Una situación se repite en mi vida continuamente, y sé que seguirá ocurriendo por una u otra cosa más adelante. Es como en una película en la que se repite rápidamente la misma escena, en la que la protagonista lleva distinta ropa en cada escena y se aprecian luces diferentes en cada una de ellas para que haga parecer que son días distintos.

Entro por la puerta de mi cuarto, me coloco en frente de la cama y me desplomo. A veces en vez de desplomarme por la parte inferior de la cama lo hago por un lateral, y en estos casos acabo con la cabeza y el pelo colgando. Una vez encima de la cama, miro al techo. A veces para concentrarme mejor cierro los ojos. Lo más seguro es que también suba las manos y las coloque por encima de la cabeza reposando sobre la colcha. Puede que las deje pegadas al cuerpo en un falso intento de intentar calmar mi cuerpo y relajarme, pero eso solo a veces. Las piernas pueden estar estiradas, flexionadas o incluso me puedo poner a levantarlas y llevarlas hasta la cabeza, con la simple intención de relajarme por completo.Muchas veces me mareo, sobre todo si estoy con la cabeza colgando. La sangres me baja a la cabeza y ese extraño momento de tensión es como si me aliviara, aunque cuando me incorporo vea estrellitas. Me calma supongo. Por eso al levantar las piernas me ocurre algo parecido.

Y en ese momento, cuando estás sola, con las luces apagadas y la ventana entreabierta, cuando sólo piensas en tus cosas, los sientes. Sientes como se acercan, oyes sus pasos y ahí deben de estar de nuevo. Deben estar aproximándose a donde estás, como siempre. Tan sólo giras un poco la mirada en dirección a la puerta y ahí se encuentran ellos dos. Vacilantes, con la sonrisa de oreja a oreja y ese asqueroso brillo en los ojos. Esa expresión en sus caras que denota sus intenciones hacia ti. Como si llevaran sogas en las manos para torturarte. Saben que se divertirán aunque para tí no sea un rato agradable.

Bienvenidos de nuevo, Frustración y Rechazo,

¿Cuánto tiempo no?


Es como una maldición, como si estuvieran destinados a visitarte cada cierto tiempo. como si fuera su trabajo. La tarea de Frustración consiste en ponerte nerviosa para dificultarte una buena elección a tus problemas. La de Rechazo consiste en volver negativas cualquier intención, llegando a hacer que todo te parezca inútil y sin valor.

Una vez entran en la puerta no puedes hacer nada por detenerles, excepto...

Excepto cerrar los ojos. Los ignoras y cierras fuerte los ojos, te relajas, te desahogas y te haces la dormida. Tan bien lo haces que acabas por dormirte. Al levantar, vuelves a estar sola en tu cuarto. Con las luces apagadas, y con la ventana entreabierta. Ya no te importa nada, hasta la próxima visita.


PD: La foto de esta entrada la saqué hace unos meses. El ambiente era precisamente el que aparece en la foto y me costó horrores para captarlo.

lunes 3 de agosto de 2009

No hay luz

El amor no entiende al tiempo. No entiende de segundos, de minutos, horas, días, semanas o meses. Ni siquiera entiende de años.



No entiende de etnias, de prejuicios ni de posiciones sociales. El amor no entiende de colores, de belleza ni de sonrisas. No entiende de economía, de política o empresariales.

El amor, el mayor ignorante de todos. El que sin saber nada, nos hace sentir que lo sabemos todo.

El amor es mentira, o quizás no. No lo sé, nunca supe entenderme bien con él. Nunca supe comprenderle, y quizás por eso ya no me habla.


El verdadero amor, no conoce las agujas que marcan el tiempo. Le es indiferente el instante, el hoy o el mañana. Él sólo sabe contar en vidas, nadie le enseñó más. Dicen que perdura a través de los años, aunque nosotros no lo veamos, ahí está creciendo o disponiéndose a crecer. Que aguanta cualquier conflicto. Una conexión irrompible.

Qué bonita es la teórica, me digo, esta tarde que rompió con el calor de estos días para dar paso a la frescura de una tarde azul. En la penumbra de mi cuarto, nunca tan ideal, sobre el tierno colchón en el que se van depositando las suaves notas del saxofón mientras iluminada por la única luz que queda, la del ordenador donde guardo mis palabras, suspiro y me pregunto:

¿Por qué una tarde más, preguntas sin respuesta?

jueves 23 de julio de 2009

Bam!


Un crujido, y las palabras echaron a volar como golondrinas, en una oscura mañana.

viernes 17 de julio de 2009

Aprendiendo se aprende


Sólo eres capaz de apreciar el aire
que te mantiene con vida,
una vez te lo hayan robado.

Sólo somos capaces
de reconocer
lo que nos brinda Compañía,
tras mucho visitar a Soledad.

Porque sin la oscuridad,

la luz no se vuelve tan importante.

Aprender de los errores y del sufrimiento, para poder disfrutar a la perfección del éxito y la alegría.


Siempre habrá momentos buenos y momentos malos, en nuestras manos está el invertir el balance.

domingo 12 de julio de 2009

Inusual.



Hoy haré algo que no suelo hacer.

Normalmente suelo escribir para desahogarme, suelo soltar lo que siento y lo muestro, aunque siempre lo codifico. Siempre está en otro plano, con otros nombres, otras palabras, escondido entre metáforas... quizás porque me divierte hablar (escribir) así.

Cuando escribo directamente lo que pienso, lo que siento, sin... complejidades ni escondites, ni correcciones es como si me rasgara el pecho y lo dejara al descubierto. Sé que si quien tiene que leer esto, lo leyera, yo quedaría mal. Quizás porque pienso que aún no es el momento de que lo lea, quizás porque tengo miedo de que no sepa reaccionar a lo que escribo.


Pero, sé que no lo leerá. No lo leerá porque no me suele leer. Porque no entiende mis textos, no los comprende ni le interesan. Sé que no lo hará, porque aunque a veces yo sea capaz de estremecer a personas con tan sólo palabras, a él nunca he podido estremecerle. Nunca sintió un texto mío, ni mis palabras, ni mis sentimientos, aunque muchos fueran sólo para él. Nunca, logré conectar con él de esa manera. Y quizás otros sí. Quizás con otros él si podía decir más que un monosílabo o una frase de 5 palabras para describir un texto de más de 150 que hablaba sobre él mismo. Quizás si valoró los sentimientos o la dedicación de otros.


Y lo siento. Siento no haber podido nunca adentrarme en ese huequito que se encuentra entre su pecho y su espalda. Porque cuando él me decía que no quería perderme, yo me estremecía. Cuando él decía que le importaba, me hacía sentir bien. Sentía que todo lo que hacía valía la pena. Porque cuando yo pasaba mi tiempo con él, yo me sentía bien. Cuando sonreíamos o nos mirábamos, sentía que no estaba sola.


Y sé que nunca nos entenderemos. Que estamos destinados a ciclos sin retorno. A pasarlo bien, y a sufrir. Pero ya no puedo seguir sufriendo.


Desde que le conocí, sentí que era especial. Luego, con el tiempo, me enamoré de él. Y tras mucho sufrir conseguí olvidarme. Conseguí olvidarme de él porque por encima de todo le quería, y me quería a mi misma, y sólo podíamos hacernos daño. Y ahora... ahora que lo que siento es puro. Que no hay barreras, ni prejuicios, ni malos entendidos, veo que da igual de qué manera nos queramos. Da igual cómo lo hagamos, cuánto o cuándo, porque, no somos capaces de estar bien juntos.


Y ¿Sabes qué? Yo pensaba luchar por ti de todas formas. Yo pensaba luchar contigo de todas maneras, contra lo que fuera. Porque pensaba que lo nuestro era de esas cosas que perduran. De esos sentimientos sinceros que se consiguen poco a poco, que son tan difíciles de hallar. Por eso, por eso te regalé aquella pulsera. Aquella pulsera de plata que decía : "Ni el tiempo, Ni la distancia".

Porque elegí ser tu mejor amiga y pensaba seguir siéndolo por mucho tiempo.


Pero, hay cosas contra las que no puedo luchar yo sola.


Y aquí está el texto:



Porque, da igual cuantas cartas ella le mandara. Cuantas veces creyera en él o cuantas cosas le dedicara. No importaban los detalles que ella se propusiera hacer para contentarle. Ni aquellos chistes que hacía en los momentos difíciles, o aquellas veces que iba a visitarlo sólo por estar un ratito con él. No importaban todas aquellas veces que ella se ponía mal tan sólo porque le veía mal. Ni todas las veces que intentara consolarlo. Daban igual los momentos en los que le defendía de aquellos que no le conocían como ella. No importaban las tardes que pasaran juntos. Ni los momentos, ni los recuerdos, ni las anécdotas ni las horas que se pasaban hablando, como si el tiempo no influyera en ellos y no tuvieran qué hacer. Ya no importaban las discusiones ni las reconciliaciones anteriores. No importaba aquellos momentos en los que cuando uno sufría el otro sabía alentarle. Unas veces él… otras veces ella. Los paseos, las conversaciones, las risas. Cuando salían y hacían tareas normales, pero las hacían juntos, porque así era menos aburrido. Cuando hablaban por teléfono hasta que se daban cuenta de lo que costaba. Cuando ella estaba lejos y le echaba de menos. Cuando le regalaba pedacitos de ella para demostrar su cariño y para que él siempre pudiera tenerla presente, y entonces él, siempre los llevaba consigo.


¿Dónde quedaron los sentimientos que decían sentir? Aquella amistad que ella siempre calificó como la más sincera.


Aquellas tardes de lluvia que a él tanto le deprimían y que en las que ella intentaba animarlo. Tantas veces que ella se sentía mal y él intentaba alegrarla. Las mil tonterías que decían. Las partidas de ajedrez en las que ella siempre perdía. Las horas de clase, tan lejanas, en las que se miraban y se reían. En las que ponían caras absurdas mientras el profesor explicaba y cada uno a un extremo, reían. Aquellas palabras que se inventaron. Que repetían. Aquellos obsequios que él le daba por estar tiempo ayudándole. Las canciones que escucharon. Las películas y series que vieron. Toda la gente que conocieron. Tantas veces que se sentaron juntos, que hablaban, reían, discutían… se entristecían. ¿Por dónde quedaron? ¿Dónde están sus miradas, a veces cómplices otras frías? Aquellas miradas que mantenían hasta parpadear. Sus sonrisas. Sus miedos y sus defectos. Sus promesas. Donde quedó aquel papel la primera noche del año. Aquellos regalos que se dieron el día de Navidad. Las cosas que se prestaron. Las cosas que compartieron.

¿Dónde está ella y sus alocadas ideas?

¿Dónde él con su sentido común?

¿Dónde se esconde ella hablando por los codos, y él poco a poco animándose a hablar?

¿Por qué estaban juntos todas esas veces, si ya no estaban en el mismo lugar?

¿Por qué tan diferentes… otras tan parecidos?

¿Por qué dejaron huella por cada sitio que pasaban?


Y… ¿Por qué él no era capaz de sentir nada cuando ella le abría su corazón y tiraba la llave?


Cuando le enseñaba que su amistad era verdadera, valiosa.

Cuando quería demostrarle que ella estaría allí, para que sus días fueran menos aburridos.

Cuando la amistad sobrevivía a cualquier circunstancia.


¿Por qué ella podía estremecer y hacer llorar a tantos corazones, pero no al de él?


Por todos aquellos momentos que estuvimos juntos. Por un sueño sin retorno.