
Tanto tiempo preocupada y tú sin aparecer. A nadie más le importaba tanto como a mí, a nadie más le alertaba el peligro que acabábamos de correr y por el que tú aún podías estar pasando. Estábamos todos exhaustos, agitados por el momento por el que acabábamos de pasar y mientras tanto solo podíamos ver a través de nuestros salvadores como la gente caía. Como corrían los tiros de un lado a otro de las oscuras calles.
Todos nos resguardábamos tras las vallas, como si el peligro no pudiera derribarlas y mis ojos atravesaban los huecos entre los cuerpos de los agentes, buscándote. No te veía.
Ya estábamos a salvo, pero no estabas tú y para mí era como si aún yo estuviera en aquél campo de batalla totalmente indefensa. Era tan de noche que sólo veía negro y sombras.
Miraba a todos lados esperando ver tu cabecita sobresalir entre la gente, tan sólo saber que estabas sano y salvo. Y de repente, te vi. Nadie se fijó ni se percató de que una vida más se salvara y saliera de aquel infierno, que volviera con nosotros, pero para mí, aquello significaba más que cualquier cos. Y corrí con todas mis fuerzas hacia al inicio de aquella calle que estaba sobre mí donde tú te apoyabas sobre una barandilla con la mirada perdida. Corrí hasta a ti con los ojos empapados y embriagada totalmente por volver a verte de nuevo cuando más pensaba en el miedo que tenía a no volverte a ver. El miedo que se clavaba en mí como cristales.
Corrí y me lancé a tu espalda con los ojos a punto de derramar un océano y me aferré a ti mientras decía: Por Dios, déjame abrazarte. Joder, no sabes cuantas ganas tenía de tocarte de nuevo, como me moría sin saber nada ti. Pensé.. pensé... pensé tantas cosas. Déjame mirarte a los ojos, dejame besarte...(y le besé la mejilla). Déjame... déjamelo todo le decía mientras estaba allí entre la oscuridad, temblando y él me miraba atónito sorprendido por mi desesperación. Entonces mientras recitaba mi rezado le acaricié la mejilla con mi cara y cerré los ojos hasta llegar a rozar la textura húmeda de sus labios, entonces se lo repetí tras coger aire: Déjame... déjamelo todo. Y me sumí en los juegos de su boca. Me enredaba en su lengua y sus brazos que me recibían con ansia. Me envolví en sus besos como si fuera la primera y la última vez que lo hacía.
Ese fue mi último recuerdo. Es todo lo que conservo.
Nuestro primer y último beso, antes de que el negro de la noche y las balas nos cubrieran de arriba a bajo. Antes de volvernos fríos e inmóbiles piezas de guerra, con las manos entrelazadas en un suelo inerte y escarlata.
Y ahora, sólo me arrepiento de no habertelo dicho antes y haber disfrutado más tiempo del milagro de tus besos.
Te seguiré por toda la Oscuridad hasta encontrar de nuevo tus labios.
Todos nos resguardábamos tras las vallas, como si el peligro no pudiera derribarlas y mis ojos atravesaban los huecos entre los cuerpos de los agentes, buscándote. No te veía.
Ya estábamos a salvo, pero no estabas tú y para mí era como si aún yo estuviera en aquél campo de batalla totalmente indefensa. Era tan de noche que sólo veía negro y sombras.
Miraba a todos lados esperando ver tu cabecita sobresalir entre la gente, tan sólo saber que estabas sano y salvo. Y de repente, te vi. Nadie se fijó ni se percató de que una vida más se salvara y saliera de aquel infierno, que volviera con nosotros, pero para mí, aquello significaba más que cualquier cos. Y corrí con todas mis fuerzas hacia al inicio de aquella calle que estaba sobre mí donde tú te apoyabas sobre una barandilla con la mirada perdida. Corrí hasta a ti con los ojos empapados y embriagada totalmente por volver a verte de nuevo cuando más pensaba en el miedo que tenía a no volverte a ver. El miedo que se clavaba en mí como cristales.
Corrí y me lancé a tu espalda con los ojos a punto de derramar un océano y me aferré a ti mientras decía: Por Dios, déjame abrazarte. Joder, no sabes cuantas ganas tenía de tocarte de nuevo, como me moría sin saber nada ti. Pensé.. pensé... pensé tantas cosas. Déjame mirarte a los ojos, dejame besarte...(y le besé la mejilla). Déjame... déjamelo todo le decía mientras estaba allí entre la oscuridad, temblando y él me miraba atónito sorprendido por mi desesperación. Entonces mientras recitaba mi rezado le acaricié la mejilla con mi cara y cerré los ojos hasta llegar a rozar la textura húmeda de sus labios, entonces se lo repetí tras coger aire: Déjame... déjamelo todo. Y me sumí en los juegos de su boca. Me enredaba en su lengua y sus brazos que me recibían con ansia. Me envolví en sus besos como si fuera la primera y la última vez que lo hacía.
Ese fue mi último recuerdo. Es todo lo que conservo.
Nuestro primer y último beso, antes de que el negro de la noche y las balas nos cubrieran de arriba a bajo. Antes de volvernos fríos e inmóbiles piezas de guerra, con las manos entrelazadas en un suelo inerte y escarlata.
Y ahora, sólo me arrepiento de no habertelo dicho antes y haber disfrutado más tiempo del milagro de tus besos.
Te seguiré por toda la Oscuridad hasta encontrar de nuevo tus labios.
Ey, me encanta! ^-^
ResponderEliminarNo se por que, habia adivinado lo que pasaria al final, y realmente me gusto mucho :3
sigue escribiendo asi! ;D
Muy bonito, pero muy triste el final, no me gustan los finales tristes pero aún así es lindo.
ResponderEliminarUn saludo.