viernes, 25 de junio de 2010

Ascuas

Hará hoy un tiempo, quizás unos meses, que no me sentía tan libre a la hora de actuar. Esa puede ser en esta ocasión, la expresión más acorde aunque no sé si la más precisa.
Definitivamente, la manera que he empleado hasta ahora para reaccionar a ciertos estímulos no ha sido ni por asomo, la más acertada. Es más, creo que ella en sí ha sido la causante de muchos de mis nudos mentales y quebraderos de cabeza.

Por costumbre, siempre seguía la misma pauta. Al comienzo,  intentaba no ilusionarme recurriendo a argumentos tales como incidentes fortuitos, casualidades o malentendidos. Negaba al mundo, y sobre todo a mí misma, las cosas buenas que ocurrían y las trataba con una forzada indiferencia. Creía que esta era la mejor manera para que de haber una decepción, fuera menor o menos pronunciada. El problema era,  que la mayoría de las veces, lo que al principio me costaba creer o afirmar, de repente era rápidamente asumido. Y una vez asumes algo, poco tardas en embalarte.

Supongo que siempre he tenido la mala afición del reto. La de decir las cosas de manera agresiva cuando pretendía que la otra persona me afirmase o me negase cualquier cosa. Siempre me iba al lado de las dificultades, las asumía aunque no fueran inminentes para estar precabida, y una vez expuesto el reto, si las cosas se tornaban difíciles, ahí estábamos nosotros con el escudo en mano. Si en cambio seguían otro camino, aprenderíamos a actuar y nos alegraríamos de habernos equivocado. A veces puede resultar muy útil este hábito, otras, solo supone un molestia añadida.

Mi problema realmente, creo que ha sido el aferrarme demasiado a las ilusiones. Siempre soñando, divagando, imaginando, creando y distrayéndome. ¿Cómo tras vislumbrar una fulgente ilusión, no saltar y atraparla con ambas manos? Y guardármela en el pecho hasta que se fundiese conmigo. Cuando ves una de esas pequeñas lucecitas, es imposible ignorarlas y no querer correr tras ellas para tenerlas siempre contigo.

¿Y sabes qué es lo que me ha pasado siempre?



Que mis ilusiones han sido como esas pequeñas ascuas que saltan del fuego. Esas masas incandescentes, abrasadoras, que brillan y me llenan de calor. Que caen sobre mí, de repente, sin ningún tipo de aviso iluminándolo todo a su paso. Y yo, aunque al principio podía tener miedo de quemarme o deslumbrarme. Miedo de que no fuese real o de que lo fuese demasiado. Acababa por querer coger las ascuas con las manos y sentir su calor. Quizás, tenía miedo de que se pudiesen apagar, y quería tenerlas cuanto antes entre mis dedos. Al final, cuando me decidía a cogerlas, las ascuas ardían sobre las palmas de mis manos, pero minuto a minuto se volvían más y más blancas. El calor se empezaba a ahogar entre mis manos forradas de piel humana y dejaban de arder con la anterior intensidad. Se consumían. Se convertían en cenizas y poco después, lo que habían sido incandescentes ilusiones, se tornaban a un polvo fino y ceniciento.



Así transcurría la historia de mis más ardientes ilusiones, todas reducidas al polvo por tocar mis manos. Por aferrarme demasiado a ellas hasta el punto de acabar por ahogar su calor.



He descubierto que hay cosas a las que no puedes aferrarte desde un comienzo porque realmente es difícil tener una idea acertada de como son las cosas o como podrán ir. Que a veces, vale más disfrutar del calor de la hoguera, que albergar su esencia entre tus manos.



Que las ilusiones, deberían ser como las estrellas y no como las ascuas. Deberíamos poder disfrutar siempre de su luz sin tener la oportunidad de apagarlas. Que siempre estuvieran a buen resguardo en un lugar donde pudiésemos observarlas sin hacerles ningún perjuicio. Y las sintiéramos nuestras. Sintiendo su luz cada una de las noches. Sabiendo vivir cuando toque bajo techo sin poder presenciarlas pero siendo siempre consciente de que están ahí fuera, en alguna parte mostrando su luz.



Así es como debo atrapar yo a las ilusiones. A distancia, con tiempo, con calma. Dejándolas arder eternamente hasta que un día cualquiera una de ellas llegue hasta mí fugazmente. Y entonces entender que las luces que veía y el calor que sentía, realmente tenían forma. Si no la que yo esperaba, otra totalmente válida.



Las ilusiones hay que guardarlas en frasquitos de cristal. Y seguir con tu día a día para que cuando no sepas qué haces ni porqué lo haces, puedas recurrir a ellas. Y volver a empezar. Otra vez, una vez más. Las que hagan falta.

miércoles, 16 de junio de 2010

Calm


Era de madrugada, quizás las agujas bailaban sobre las cinco y media, aunque de eso no tengo certeza. De lo que sí tengo una clara imagen, es de haber pasado un tiempo eterno sentada sobre la cama. Apoyada contra el cabezal , con las piernas flexionadas y mis brazos rodeándolas, dirigiendo la mirada al frente, hacia la puerta del balcón, aunque en realidad, mis ojos no miraban a ninguna parte. Estaban en blanco.


Oía el sonido que causaba el roce de los neumáticos con el asfalto, el ruido de aquellos que empezaban el día antes que el resto, dirigiéndose a cualquier lugar distinto de donde yo me encontraba. Cómo se oía el motor cada vez más cerca, como de repente; desaparecía. El murmullo de la cortina, balanceándose con la brisa fría que llegaba hasta la esquina de mi cama, que reptaba sobre la manta, y llegaba a mis pies, encogidos sin razón.


¿Y en qué pensaba?


No pensaba. Cualquier atisbo no sería más que una sensación ligada a cómo transcurría el tiempo agarrándose a ese silencio, con fuerza, con vigor... con agonía para no convertirlo en cristales rotos.


El aire fresco seguía entrando por la puerta del balcón, con más intensidad cada vez. Cerré los ojos, inspiré. Inspiré la noche hasta que el frío entró en mis pulmones y mis parpados volvieron a alzarse, lentamente. Se hacía de día.


Dejé caer otro suspiro de mis labios, y miré al espejo desde dónde estaba. Un espejo casi tan alto como yo erguida, apoyado por sus pequeñas patas en el suelo, largo, con su marco negro de madera bordeando su magia. Miré al espejo, y vi mi reflejo. Mi cara parecía suave, por el aire frío que había cerrado todos mis poros. Los pómulos se pronunciaban por el sello de mi boca, los labios presionados. Los ojos, enmarcados en una mirada distante y despreocupada. Mis cabellos se mecían con el viento mientras me inclinaba a mirar a la chica que me miraba sin mirarme, desde el espejo. No fui capaz de sostenerle la mirada por mucho tiempo más, así que la devié al frente, ya era de día.


Me froté las rodillas y los brazos, buscando provocarme calor, cerré los ojos fuerte y volví a inspirar. Estiré las piernas y me erguí, abriendo la cortina con una caricia y saliendo a la fría mañana, a saludar al Sol.


Quizás el resto, será otra historia. Una para escribir con otra pluma, próximamente.


PD: La imagen es mía, privilegios de la azotea.

viernes, 4 de junio de 2010

Change

¿Te has dejado ir?

Se podría decir que me he lanzado directamente contra el espejo...

sábado, 22 de mayo de 2010

Habitación individual


A veces, las dudas existenciales te asaltan de repente, sin importarles dónde estás o qué estás haciendo.Así, puede ocurrir mientras estás sentada en la guagua, llendo a clase por la mañana, mirando a través de los cristales.


Te preguntas, porqué aún no has encontrado eso por lo que siempre has esperado. Porqué las personas cuando nos sentimos solas, creemos que hayaremos la felicidad si encontramos a alguien que nos acompañe, nos reconforte y nos guie. Porqué aún teniendo el cariño y afecto de nuestra familia y amigos, nos sentimos incompletos por no tener con nosotros a ese alguien.


¿Quién fue el que dictaminó que debíamos dividirnos en parejas? ¿Quién empezó con las establecidas ideas de romanticismo y finales felices? ¿Y lo de que el verdadero amor es para siempre? ¿Verdadero amor?


Te aceptaré que me digas que estamos en parejas por una función reproductiva. Lo acepto, no lo comparto. Hoy día quien tiene pareja es porque quiere o por interés. No, no es por mantener la especie. O estás con alguien porque quieres, porque quieres a esa persona o te agrada, o simplemente porque inconscientemente crees que es lo que debes hacer para sentirte realizado. O lo haces por algún interés, ya sea social, económico o emocional (acabar con alguien que esté relacionado con la persona que realmente te importa por ejemplo). Pero... ¿quién más aparte de nosotros decide? Dejemos de lado los matrimonios concertados. ¿Hay alguna ley que nos asegure que estando con otra persona hayaremos la felicidad?


En este tema, el azar nunca ha estado de mi parte. Supongo que es justo por lo que me ha brindado en otros aspectos. Pero, no sé si sea quizás mi personalidad, las circunstancias, las personas con las que me he cruzado, o una mezcla fatal y explosiva de todos estos ingredientes.

El amor me ilusiona. Me hace tocar las nubes y ser si cabe más optimista. Pero una vez se rompen las ilusiones, sólo queda más del mismo sabor de siempre: decepción.


Y no sé cuantas decepciones pueda seguir aceptando con buena cara. Muchas personas quieren -y esperan- obtener lo que ellos desean, lo que anhelan. Pero, ¿para qué? De qué me sirve tener lo que me apetece, si me faltan cosas que necesito. El problema se encuentra, en que muchas veces no somos capaces de distinguir lo que realmente necesitamos de lo que queremos.


Si te sientes sólo y tienes la oportunidad de estar con alguien, quizás alguien que te agrada, pero que no es la persona que dejó su huella en tu pecho, ¿Qué harías? Seguro que esa persona sería capaz de calmar la sed de tu piel, pero ¿qué hay de esas otras necesidades? De esas, que sin tú quererlo, te han sido impuestas. Esa persona, no sería capaz de curarte las heridas porque tu pecho no lo permitiría. Es... cómo una especie de restricción.


Tu corazón es una fría habitación de hotel. Y en ella se van hospedando los huéspedes según se crucen en tu camino. Llegan, entran, salen. Algunos permanecen por una noche, unos meses, otros por años. Y cuando crees que el huésped está cómodo, cuando piensas que hará de tu habitación su hogar, entonces, se va, llevándose sus cosas poco a poco, para hacerte más largo el cambio y no dejar a nadie entrar mientras permanezcan sus enseres. A otros tienes que echarles, porque no pagan la habitación, tan sólo quieren aprovecharse.

La cuestión, es que cuando alguien está dentro de la habitación, da igual cuántos estén a las puertas, durmiendo en los pasillos o lavándose los dientes en el baño del recibidor. Porque ninguno podrá ocupar ese lugar. Nadie más por el momento podrá dormir en tu pecho.


Y no puedes ir por ahí deseando que alguien se fije en ti y te quiera, sería egoísta, porque quizás tú no serías capaz de corresponderle. ¿Por qué la gente sólo es capaz de mirar su propia miseria? Aveces podemos regar miseria ajena sin darnos cuenta. Hay que tener cuidado.
Yo no quiero que me hagan el gusto. No quiero que me concedan todo lo que me apetece. Quiero que me den lo que necesito. Aunque eso al principio me haga sufrir, aunque no sea capaz de aceptarlo o entenderlo. Me paso la vida cuestionando a los demás de forma directa porque muchas veces de esa manera, sé si mis expectativas, si mis intuiciones, están bien encaminadas. Si aveces puedo ser dura, o ser demasiado sarcástica con alguien, probablemente no sea porque quiera hacer sentir mal a alguien, hacer mi punto de vista el único válido o enjuiciar. Puede que sea, porque realmente quiero que las cosas no sean como las veo,y digo las cosas malas, y hablo de defectos... y ... soy pesimista y extremista porque quizás, lo que quiero, es que alguien me pare en seco, y me enseñe que estoy equivocada. Que me demuestre que las cosas no son tan extremas, que las personas salten, y me demuestren que no son como las percibo.
Ahora es uno de esos momentos, en los que hay muchas cosas a las que no les encuentro sentido alguno y de esos, en los que no puedo parar de hacerme preguntas y cuestionar cualquier cosa. Cuestiones que quizás en otro momento, no eran relevantes o nos parecían obvias.
Cómo entiendo a Alicia, teniendo que soñar con otros mundos en los que ella escribía una lógica y un orden distintos, porque no era capaz de entender los que tenían lugar en la realidad. Y aun así, seguía sin entender nada.
Let's pretend, decía. Let's pretend... "vamos a fingir".

lunes, 12 de abril de 2010

Aventuras.




Hoy es un día extraño.
Y no, por una vez no me refiero a mi estado anímico o al tiempo.


Esta mañana al levantarme, como todos los días, se me pasó por la cabeza el no escuchar a mi padre diciendo: ¡Nereida! ¡Qué es tardísimo! ¡Levántate ya! y como una rebelde, girarme hacia el otro lado cual carne medio asada y seguir durmiendo, plácidamente sobre la parrilla.

Pero mi padre seguía gritándome a mí y a mis hermanos, y mi madre le hacía los coros.
Dije: No venga, vamos. Como llegue tarde a lengua, Marina -la profe de lengua a la que le irritan las botellas de agua, los móviles y más que nada la impuntualidad- me mata. Y yo, quieras que no aunque acabe de cumplir 19 años, soy joven. No quiero morir aún. Menos a manos de algún Doctorado.

Así pues, me levanté. Busqué la ropa, metí los libros en la mochila y corrí escaleras abajo porque, efectivamente, era tardísimo -como de costumbre-. Por suerte, mi padre iba a la capital así que me ahorré un viaje en guagua y llegué a tiempo a la universidad. Para mi sorpresa, entendí algo en la clase de lengua. Y además, cuando casi me muero de la tos en clase y bebí agua Marina no sólo no me soltó el típico : ¿Es totalmente necesario e imprescindible beber agua en este momento? Sino que además cuando salí de clase para tomar aire y toser a gusto, me dijo: ¿Estás bien? Sí, es que me duele la garganta. La pobre. Toda considerada ella oye.

En clase de alemán debido a que quería hacer un par de cosas en la ciudad, pensaba en irme a la segunda hora. Pero como mañana y el viernes no tendré clase (reuniones y cosas suyas) aguanté como toda una valiente hasta la una.


Al salir, me fui a la Biblioteca del Estado e hice un buen desfalco. Saqué 4 dvds (2 de ellos eran series anime con 20 capítulos cada una, unas 9 horas cada pack de anime gratis, oh si). Además mi hermano pequeño llevaba meses pidiéndome ver esa serie en Internet. Obviamente, no tengo tiempo para mi, voy a tenerlo para él. Fue todo un hallazgo la verdad. Saqué también 5 tomos.

Y allí estaba yo, con la mochila a rebosar de material prestado, todo de golpe, por haberme penalizado una semana sin poder sacar nada. ¡Qué orgullo!

Mi siguiente parada fueron las tiendas de la calle comercial de Triana. Pero tras mirar y mirar, nada era lo suficiente suculento para que yo abriese mi cartera. Llegué entonces al otro extremo de Triana. "Plaza de las Ranas" allí, tras pasar por la Peregrina y entrarme ganas de sacar fotos a calles antiguas, llegué a la Biblioteca Insular, me hice socia (no lo era) y realicé otro desfalco. Quizás en menor medida. Saqué 2 tomos de una serie que pensaba mirarme algún dia con tiempo por Internet, y 3 manuales sobre escritura, coaching literario y narrativa.

Esperé otra guagua y volví a casa. De camino, saboree alguna que otra palabra de mis flamantes adquisiciones. Aterricé en dónde vivo, comí (4:10pm) y cuando fui a lavar mi plato... Aquello parecía más pocilga de lo normal. Todo estaba lleno de platos, calderos, cubiertos y un largo, pringoso y extenso etcétera. Así que como habíamos tenido un día aplicado, dimos ejemplo, y tardámos 1 hora y algo lavando y restregando loza. Descubrí que el mundo es como una cocina sucia, llena de trastos, desechos y comida (en buen y mal estado). No es que sea insufrible no, y sí, su estado es culpa nuestra. Pero aunque lo veamos todo asqueroso y nos entren ganas de tirar la cocina a la basura -no lo pruebes, no cabe en la papelera- tiene remedio. Sólo necesitas voluntad. Con eso y trabajo, puede ser un lugar ordenado, útil e incluso bonito.

Volviendo al tema, ¡Bien!, acabé [Tus ganas]. Vuelve mamá con la compra. Con toneladas de compra por colocar. Encima de que le hice café, que poco considerada.

Nada. Se te hacen las 6 limpiando, y no hay nadie en casa.


No hay nadie en casa.


¿Y qué, te preguntarás?

1. Somos 7 en casa. Somos 5 hermanos y mis padres. Bueno, y un cachorrito. Yo soy la hermana mayor. De todos, menos de mis padres.
2. Es lunes.
3. Te repito que estoy sóla en casa, un lunes.
4. Solaaaaaaaaaaaa...
5. "Yo" sola. Sólo yo.
6. Ni hermanos, ni padres, ni perro.
7. Mmmm sola.

Es raro (para mí) sí, pero ¿Y qué?

Pues:

1. La tele está apagada.
2. Puedo cerrar las puertas y casi parece que la casa está limpia (Nota: pero no las abras no te vayas a decepcionar)
3. Cada dos minutos no tengo a uno de mis hermanos al lado contandome qué se está echando por la tele, lo último que hizo Hanna Montana, con quién está saliendo qué Jonas Brother, preguntas sin respuestas sólo por afán de preguntar e interrumpirme o pidiéndome que mueva mi culo de la silla del ordenador, como no, en un tono amablemente agresivo.
4. (Y puede que lo más importante) Hay silencio. Hay silencio. No es que ame el silencio, puede llegar a ser incómodo y deprimente. Pero cuando vives a base de ruidos, aprendes a valorarlo.



Realmente, hoy he aprendido muchas cosas, he tenido un día productivo, y he tomado una decisión, que espero que no acabe en otra determinación más y con el tiempo, tenga sus frutos.

Atentamente, una loca al teclado.

sábado, 10 de abril de 2010

Tibia la luna,
Frío el ambiente.

Los corazones desolados ya corretean por todas partes.

Al creador de los cielos se le ha gastado el azul.
Pareciera, que sólo le quedase gris: ese blanco sucio, denso y lleno de humedad.


[ Días grises, de clases aburridas]

miércoles, 17 de marzo de 2010

Afuera


Te invitaría a venir conmigo a la aventura.
A vivir en todos esos sitios que siempre he querido visitar.

A ver todas las maravillas que sólo somos capaces de imaginar, y que una vez nos encontramos ante ellas, son capaces de robarnos el habla y hasta la respiración para sólo permitirnos contemplar y admirar.

Viajar...

Da igual cuantas veces te lo cuenten. Si te enseñan fotos, te traen regalos o te muestran cualquier vídeo. Nunca podrás equipararlo a la sensación de vivirlo por ti mismo. De estar ahí. De sentirte la persona más afortunada por ser capaz de ver, tocar y respirar otros aires, conocer otras personas, hablar y leer otros idiomas, conocer otras costumbres, otras culturas.
Todo de golpe.

Aprovecha todas las oportunidades que se pongan a tu alcance por enseñar a tus ojos otras realidades.


Te invitaría, pero si no estás preparado, tendré que irme yo sola.

Hoy, quiero crecer fuera.





[Foto by Jasha400d, http://www.sxc.hu/photo/1267357]

sábado, 27 de febrero de 2010

Aprender a volar


Ojalá saliera al balcón,
y se me volase el alma
para viajar y cuidar
[de tu corazón
todas las noches.


Ojalá la eternidad durara un poco más
para morir y renacer mil veces.
Para encontrarte en el camino
una y otra vez, y otra vez más
y vivir contigo las mil y una noches
cada 365 días reiteradamente.

Ojalá estas noches de aire caliente
no me recordaran tanto a ti
a tu espíritu tempestuoso
a tu miradas, y a tu sonreír.
No me recordaran tus risas
tus manos,
y el brillo
con el que tus ojos me miraban.


El mejor de mis sueños
fue realidad.
Y no lo supe distinguir
en el momento preciso.


Por eso voy a clases particulares,
para aprender a esperar.
Para creer en la vida,
en los sueños,
y en el amar.


Para aprender a curar.
Para aprender a respetar.


Para sobrevivir
sin el elixir de tus manos
y la droga de tu boca.
Para vivir sin tus palabras,
sin el roce de tus miradas
y el calor que provocan.


Para sobrevivir feliz
de haber conocido un sueño.
Y seguir hasta que el destino
vuelva a dejarte caer en mi camino.

Para anhelar sin morir.

Para aprender a vivir.

Si mi pecho tuviera un candado
moriría oxidado
sin la llave de tus dedos*

martes, 16 de febrero de 2010

Shadow


Quiero salir a verdes parajes para sonreír a las flores recién nacidas.


Y olvidarme de las sombras de mis días, y de mis noches.


De esta sombra que me priva de la luz ... y me llena de nubes la mente.



Mejor sola, hoy la fé se me cayó de los bolsillos.


viernes, 29 de enero de 2010

Si ya no está...

Mis días no tenían nada de peculiares. Casi todo el día solo hasta que ella volvía.
Hasta que volvía a casa. Solía volver a casa siempre sobre las nueve menos cuarto. Al llegar se oía el leve tintineo de las llaves, el pomo girando, y un suspiro que llenaba todo el salón. Abría aquél pequeño mueble que teníamos para colgar las llaves y que ella había pintado de amapolas y colgaba sus llaves, un ente compuesto por un 75% de llaveros y un 25% de llaves.

Después cansada se dirijía hacia la nevera a por una bebida, pero siempre que estuviera bien fría. Eso la complacía. Tan sólo a escasos metros (como en muchos pisos pequeños) se desplomaba sobre el sofá y se quitaba los zapatos. Encendía la tele y como todo le parecía aburrido, la dejaba encendida y se metía en el baño.

Ella sabía que yo me encontraba en la habitación de al lado pero me encantaba disfrutar de su ritual todas las noches. Mientras ella estaba en el baño, yo iba a la cocina, hacía algo de cena, no más que un par de sandwiches, una tortilla o arroz cuando intentaba impresionarla, pero siempre algo que estuviera acorde a mis dotes culinarias y mi poca imaginación ante los fogones.

Entonces yo me sentaba el sofá, me rascaba la barbilla y miraba la tele anonadado, sumido en mis pensamientos y en las ganas que tenía de que saliese del baño, llenando nuestro piso de vapor y me dedicase una de sus reconfortantes sonrisas.

De repente se oía como abría la puerta del baño y la esuchaba tarareando mientras salía con una toalla cubriéndole el pelo y uno de sus tan conocidos pijamas. Siempre me resultaban diferentes, o llevaba camisetas anchas con pantalones cortos y ajustados, o le daba más por las camisetas ajustadas y los pantalones anchos. No recuerdo por qué, siempre le atrajo la asimetría. Mientras venía al salón cargando con una de sus enormes sonrisas perfumaba toda la casa al completo. Cada rincón se impregnaba de su olor y era como si todo cobrase sentido para mi.

Llegaba me sonreía y volvía al baño, volvía sin la toalla, con el pelo húmedo si quieres llamarlo así, pero para mí estaba más que mojado. Su pelo despeinado, mojado y lleno de ondulaciones no hacía más que enmarcar su piel brillante y su frescura. Se sentaba a mi lado sin mirarme, como si no se hubiera dado cuenta de que estaba allí. Mechones de su pelo largo rozaban mis hombros y me mojaban. Podía sentir el roce de su piel, y no hacía más que aturdirme con aquel maravilloso olor a jabón.

A pesar de su estado húmedo, toda ella era siempre calidez. Ella y su imagen húmeda, cálida y su siempre agradecida sonrisa... eran todo lo bueno de mis días.

Cenabamos, nos mirábamos y pasabamos la noche acostados en el salón, con su cabeza en mi pecho y sus ojos robándome la vida cada vez que me miraba. Con ella no existían los inviernos.

Ahora, echo de menos que se lance al sofá. Echo de menos que me inunde su olor al entrar en casa. Que se acercara a mi con sigilo y me empapase con su húmeda melena. Acariciarla era una de las cosas que mejor sabía hacer. Sentir como su pelo y sus labios me erizaban la piel.


Como sus profundos ojos, me llenaban todo un día vacío.



Tan diferentes las perspectivas.

lunes, 18 de enero de 2010

Con la luna en mis palabras y tus ojos en las estrellas


Hoy es una de esas noches agradables. Una de esas noches en las que no hace frío ni calor, y es un placer estar fuera de casa bajo las estrellas.

Escribo desde el balcón. En una cálida manta sobre el frío suelo, en una de esas noches calmadas y calmantes en las que sólo me queda pensamiento para ti.

Tengo los pies descalzos y fríos, y las manos calientes bajo este abrigo.

Permanezco en silencio, no me gustaría romper la magia, y así mis oídos se llenan con los sonidos de la noche. El sonido de los coches pasar; el de los grillos; el sonido de las teclas al escribir y el de mi propia respiración pausada. También se escuchan murmullos a lo lejos, alguien que saldría un momento de casa, o por el contrario alguien que vuelve. Quizás es más de una persona. Los ladridos de los perros. Sus quejidos nocturnos capaces de llenar la noche de misticismo. E incluso el leve murmurar de mis propios latidos.


Prometí no volver a caer, no caer de nuevo en el saco de los corazones heridos. Y se me ha vuelto a escapar. Este maldito musculo traidor se ha vuelto a ir de mi para dejarme un hueco en el pecho, de esos huecos espantosos que se te notan si llevas una camiseta ajustada.


Me siento inmóvil e impotente bajo este imenso cielo lleno de estrellas. Me acuesto en el suelo boca arriba y se me llenan los ojos de negro azulado. ¿Y lo peor? Que no se me ocurre nada mejor para este instante que tenerte a mi lado. Nadie mejor que tu para apreciar cada diminuto detalle.


Ya no sé que decir o qué hacer. Cómo hacerte entender que tu manera de ser me ha cambiado el mundo y ha lavado mis pupilas de toda la tierra que le habia caido encima. Que nunca he visto con tanta claridad que es lo que quiero. Que no puedo borrarte de cada minuto que pasa.

Y que sería capaz de cualquier cosa por custodiar tu felicidad.

Que no tiene sentido pasarme horas diciendote lo importante que eres ni cuales son mis sentimientos, porque sé que nunca acabaría. Y es tal la intensidad que ni me doy cuenta de lo que escribo y una vez leido me asusta.


No se a dónde llevarán a parar las cosas.




Pero lo único cierto en este laberinto de preguntas y respuestas, lo susurra mi pecho a todas horas.

Tan sólo y hay que acercarse un poco, y dejarle hablar.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Yours

Es efímera, es frágil, es tan hermosa y excitante como hiriente y dolorosa,
la Vida es todo menos larga, como muy bien pronunciaron sus labios aquella noche.


Quién sabe cuántos serán mis días, cuán intensos o difusos, cuán alegres o tristes, quién sabe cómo me tocará vivirlos, en dónde y con quién.

Aprendo que debemos tener fe en nuestros propósitos, en lo importante que es la voluntad y todas las puertas que es capaz de abrir.

Sé que si el tiempo se pone de mi parte, lograré crear cosas maravillosas, de una manera o de otra, para unos ojos o para otros, con palabras o con cualquier otro material, conseguiré a base de esfuerzo crear esos lazos entre el mundo que compartimos y mi mundo interior.

Y no sé que es, no soy capaz de explicarlo.

De qué material lo hicieron
O porqué él es como es,
Porqué me siento bien a su lado
Porqué es tan atento, tan cortés y
Tan reservado.

Porqué su mirada es dulce,
Y sus brazos son calor,
Porqué no le temo al tiempo,
Al mundo ni al temor.

La vida desde sus ojos,
Sabe mucho mejor,
Esperar no me atormenta,
No se me quiebra la voz.

Sé que algún día a su crudo corazón
Llegará la primavera,
Y ahí estaré yo.


Gracias, por enseñarme cada día, por salvarme de mí misma constantemente, por ponerte en mi lugar y hacerme sentir que ahí estarás…

Por abrirme las puertas a un mundo que no conocía y antes ni siquiera creía que existiera, porque aunque aún esté a las puertas, no me dan los ojos para maravillarme ante tanto esplendor…


JBL*

domingo, 20 de diciembre de 2009

Magnífico

Despierta tiemblo al mirarte,
dormida me atrevo a verte;
por eso, alma de mi alma,
yo velo mientras tú duermes.

Despierta ríes y al reír tus labios
inquietos me parecen
relámpagos de grana que serpean
sobre un cielo de nieve.

Dormida, los extremos de tu boca
pliega sonrisa leve,
suave como el rastro luminoso
que deja un sol que muere.

¡Duerme!

Despierta miras y al mirar, tus ojos
húmedos resplandecen,
como la onda azul en cuya cresta
chispeando el sol hiere.

Al través de tus párpados dormida,
tranquilo fulgor vierten,
cual derrama de luz templado rayo
lámpara transparente.

¡Duerme!

Despierta hablas y al hablar, vibrantes
tus palabras parecen
lluvia de perlas que en dorada copa
se derrama a torrentes.

Dormida en el murmullo de tu aliento
acompasado y tenue
escucho yo un poema que mi alma
enamorada entiende.

¡Duerme!

Sobre el corazón la mano
me he puesto porque no suene
su latido y de la noche
turbe la calma solemne.

De tu balcón las persianas
cerré ya porque no entre
el resplandor enojoso
de la aurora y te despierte.

¡Duerme!


Gustavo Adolfo Bécquer.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Instinto


No me queda miedo en los bolsillos.

Hoy preferí llenarlos

de pedazos de papel

que hablan de un pasado

propio,

y menos brillante

de lo que hoy día es mi sonrisa.





Tengo ganas de empezar a correr y a decir todo lo que se me ocurra a viva voz.


De correr bajo la lluvia, de gritar, de gritarle al mundo cuatro verdades y dos mentiras.


Descontrolarme, soltar todo lo que me pase por la cabeza, sin enjuiciarlo, sin ver si es hermoso, desagradable, duro, malicioso o cruel. O quizás un poco de todo. Ser totalmente espontánea y dejar de pensar.



Poner al mundo bocaarriba y quedarme yo bocaabajo, mientras le busco sentido al sinsentido y la sangre corre irremediablemente hacia abajo para acumularse en mis sienes.

Désconectame, antes de que se me crucen los cables.



Y aún así,


Me siento bien.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Nuevo sabor


Todo mi mundo era gris...

hasta que encontré tu camiseta roja.




Y no sé si quedan futuros para mí,
en la caja del Destino.

O si me quedan más frases ingeniosas
para cautivar tus sentidos.

Aún no sé si conseguiré olvidarme
de lo que nunca ha ocurrido.


Ya no sé lo que pienso,
y no entiendo lo que digo.




Dicen que los ojos son la ventana del alma. Que no mienten. Y que hay quien es capaz de acariciar con la mirada. De hablar sólo con los ojos.

He visto muchos ojos a lo largo de mi vida. Ojos con formas bonitas, ojos grandes, pequeños, almendrados, alargados, saltones, hundidos, marrones, azules, verdes, color miel, verdes-marrones, verdes-azules, grises, negros, brillantes, apagados, rojos de humo,tristes, contentos, llenos de lágrimas, llenos de vida...

No hay nada que los haga mejores o peores. No son más bonitos los ojos azules que los verdes ni los marrones o los grises. No hay algo específico que diga que unos ojos son especiales. Pero las miradas... la forma de mirar de una persona si puede ser realmente especial. Puede matarte de la angustia, de la culpa, del remordimiento, del miedo o derretirte por dentro. Pueden estar llenas de ternura, de deseo, de curiosidad, confusión, indiferencia, calma, aliento o incluso de odio.

Puedes mentir con los labios, pero no con los ojos.



No me importa callar, ni vivir en silencio mientras te sueño.
Me da igual que caiga un mundo al que a veces creo que no pertenezco, el no ser capaz hablarte de cómo te veo.
Me es igual siempre y cuando se apaguen tus ojos.


Porque ellos fueron los que me despertaron, y los únicos capaces de calmarme.











Video con escenas de la película "Great Expectations" (Grandes Esperanzas) basada en una novela de Dickens y una de mis películas favoritas. Película que consigue converme de nuevo cada vez que la veo. Imprescindible ver la escena del video que está en el minuto 3:07, es... indescriptible junto con el que considero el beso más dulce del cine que sale al principio de la película, beso del protagonista y Stella cuando eran pequeños.


viernes, 30 de octubre de 2009

De vuelta


Siempre he tenido esas imperiosas ganas de salir y dejarlo todo atrás.



He tenido ganas de romper los sentimientos que tanto daño me hacían. Ganas de tirar por la borda el trabajo de meses y años para abandonar o liberarme según fuera el punto de vista.

Soñar con volverme aire, con ser totalmente libre y no tener deberes ni responsabilidades.


Vivir acorde a las notas de un piano, acorde a la suavidad de los pétalos...


¿Qué me deparan los días?


Ya no creo en nada.


Sólo en que la realidad de hoy, es que nada es como ayer.



Ya nada será igual.

martes, 18 de agosto de 2009

Para pensar

Ayer, cojí carrerilla y terminé "El fenómeno de las Fans".
¿Qué pasa?
Que cuando me pongo a leer es antes de irme a dormir.
¿Y qué?
Pues que no suelo estar mucho leyendo porque el sueño me puede.
¿Y todo esto?

Pues bien, primero quería dar las gracias a Bea por prestarme el libro (y por ser tan paciente, ya que lo tuve durante meses esperando) y decirle que tenía razón, no sólo era entretenido y fácil de leer sino que hace pensar. No sé qué tendrá Jordi Sierra i Fabra pero cuando escribe, muchas veces deja caer frases que consiguen dejarte absolutamente sin palabras. Cada vez que leía alguna que me gustara, rompía un pedazo de papel de donde podía y lo usaba de marcapáginas (Tranquila Bea, nunca del libro jaja). Y luego, para mi sorpresa resultaba que al final, además de artículos de una psicóloga que estaban muy bien la mayoría, te trae un recuento de frases destacadas en el libro.

Prefiero vivir con mis errores que con los de los demás.

El éxito es un mal amigo.

La cultura es absorber la vida, sentir las cosas, tener conocimientos y emplearlos cuando, como y donde convenga.


Y la frase que me enamoró:


Los poetas crean castillos en el aire, los locos los habitan y los psiquiatras cobran el alquiler.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Visita


Una situación se repite en mi vida continuamente, y sé que seguirá ocurriendo por una u otra cosa más adelante. Es como en una película en la que se repite rápidamente la misma escena, en la que la protagonista lleva distinta ropa en cada escena y se aprecian luces diferentes en cada una de ellas para que haga parecer que son días distintos.

Entro por la puerta de mi cuarto, me coloco en frente de la cama y me desplomo. A veces en vez de desplomarme por la parte inferior de la cama lo hago por un lateral, y en estos casos acabo con la cabeza y el pelo colgando. Una vez encima de la cama, miro al techo. A veces para concentrarme mejor cierro los ojos. Lo más seguro es que también suba las manos y las coloque por encima de la cabeza reposando sobre la colcha. Puede que las deje pegadas al cuerpo en un falso intento de intentar calmar mi cuerpo y relajarme, pero eso solo a veces. Las piernas pueden estar estiradas, flexionadas o incluso me puedo poner a levantarlas y llevarlas hasta la cabeza, con la simple intención de relajarme por completo.Muchas veces me mareo, sobre todo si estoy con la cabeza colgando. La sangres me baja a la cabeza y ese extraño momento de tensión es como si me aliviara, aunque cuando me incorporo vea estrellitas. Me calma supongo. Por eso al levantar las piernas me ocurre algo parecido.

Y en ese momento, cuando estás sola, con las luces apagadas y la ventana entreabierta, cuando sólo piensas en tus cosas, los sientes. Sientes como se acercan, oyes sus pasos y ahí deben de estar de nuevo. Deben estar aproximándose a donde estás, como siempre. Tan sólo giras un poco la mirada en dirección a la puerta y ahí se encuentran ellos dos. Vacilantes, con la sonrisa de oreja a oreja y ese asqueroso brillo en los ojos. Esa expresión en sus caras que denota sus intenciones hacia ti. Como si llevaran sogas en las manos para torturarte. Saben que se divertirán aunque para tí no sea un rato agradable.

Bienvenidos de nuevo, Frustración y Rechazo,

¿Cuánto tiempo no?


Es como una maldición, como si estuvieran destinados a visitarte cada cierto tiempo. como si fuera su trabajo. La tarea de Frustración consiste en ponerte nerviosa para dificultarte una buena elección a tus problemas. La de Rechazo consiste en volver negativas cualquier intención, llegando a hacer que todo te parezca inútil y sin valor.

Una vez entran en la puerta no puedes hacer nada por detenerles, excepto...

Excepto cerrar los ojos. Los ignoras y cierras fuerte los ojos, te relajas, te desahogas y te haces la dormida. Tan bien lo haces que acabas por dormirte. Al levantar, vuelves a estar sola en tu cuarto. Con las luces apagadas, y con la ventana entreabierta. Ya no te importa nada, hasta la próxima visita.


PD: La foto de esta entrada la saqué hace unos meses. El ambiente era precisamente el que aparece en la foto y me costó horrores para captarlo.

lunes, 3 de agosto de 2009

No hay luz

El amor no entiende al tiempo. No entiende de segundos, de minutos, horas, días, semanas o meses. Ni siquiera entiende de años.



No entiende de etnias, de prejuicios ni de posiciones sociales. El amor no entiende de colores, de belleza ni de sonrisas. No entiende de economía, de política o empresariales.

El amor, el mayor ignorante de todos. El que sin saber nada, nos hace sentir que lo sabemos todo.

El amor es mentira, o quizás no. No lo sé, nunca supe entenderme bien con él. Nunca supe comprenderle, y quizás por eso ya no me habla.


El verdadero amor, no conoce las agujas que marcan el tiempo. Le es indiferente el instante, el hoy o el mañana. Él sólo sabe contar en vidas, nadie le enseñó más. Dicen que perdura a través de los años, aunque nosotros no lo veamos, ahí está creciendo o disponiéndose a crecer. Que aguanta cualquier conflicto. Una conexión irrompible.

Qué bonita es la teórica, me digo, esta tarde que rompió con el calor de estos días para dar paso a la frescura de una tarde azul. En la penumbra de mi cuarto, nunca tan ideal, sobre el tierno colchón en el que se van depositando las suaves notas del saxofón mientras iluminada por la única luz que queda, la del ordenador donde guardo mis palabras, suspiro y me pregunto:

¿Por qué una tarde más, preguntas sin respuesta?

jueves, 23 de julio de 2009

Bam!


Un crujido, y las palabras echaron a volar como golondrinas, en una oscura mañana.

sábado, 18 de julio de 2009

Aprendiendo se aprende


Sólo eres capaz de apreciar el aire
que te mantiene con vida,
una vez te lo hayan robado.

Sólo somos capaces
de reconocer
lo que nos brinda Compañía,
tras mucho visitar a Soledad.

Porque sin la oscuridad,

la luz no se vuelve tan importante.

Aprender de los errores y del sufrimiento, para poder disfrutar a la perfección del éxito y la alegría.


Siempre habrá momentos buenos y momentos malos, en nuestras manos está el invertir el balance.

lunes, 13 de julio de 2009

Inusual.



Hoy haré algo que no suelo hacer.

Normalmente suelo escribir para desahogarme, suelo soltar lo que siento y lo muestro, aunque siempre lo codifico. Siempre está en otro plano, con otros nombres, otras palabras, escondido entre metáforas... quizás porque me divierte hablar (escribir) así.

Cuando escribo directamente lo que pienso, lo que siento, sin... complejidades ni escondites, ni correcciones es como si me rasgara el pecho y lo dejara al descubierto. Sé que si quien tiene que leer esto, lo leyera, yo quedaría mal. Quizás porque pienso que aún no es el momento de que lo lea, quizás porque tengo miedo de que no sepa reaccionar a lo que escribo.


Pero, sé que no lo leerá. No lo leerá porque no me suele leer. Porque no entiende mis textos, no los comprende ni le interesan. Sé que no lo hará, porque aunque a veces yo sea capaz de estremecer a personas con tan sólo palabras, a él nunca he podido estremecerle. Nunca sintió un texto mío, ni mis palabras, ni mis sentimientos, aunque muchos fueran sólo para él. Nunca, logré conectar con él de esa manera. Y quizás otros sí. Quizás con otros él si podía decir más que un monosílabo o una frase de 5 palabras para describir un texto de más de 150 que hablaba sobre él mismo. Quizás si valoró los sentimientos o la dedicación de otros.


Y lo siento. Siento no haber podido nunca adentrarme en ese huequito que se encuentra entre su pecho y su espalda. Porque cuando él me decía que no quería perderme, yo me estremecía. Cuando él decía que le importaba, me hacía sentir bien. Sentía que todo lo que hacía valía la pena. Porque cuando yo pasaba mi tiempo con él, yo me sentía bien. Cuando sonreíamos o nos mirábamos, sentía que no estaba sola.


Y sé que nunca nos entenderemos. Que estamos destinados a ciclos sin retorno. A pasarlo bien, y a sufrir. Pero ya no puedo seguir sufriendo.


Desde que le conocí, sentí que era especial. Luego, con el tiempo, me enamoré de él. Y tras mucho sufrir conseguí olvidarme. Conseguí olvidarme de él porque por encima de todo le quería, y me quería a mi misma, y sólo podíamos hacernos daño. Y ahora... ahora que lo que siento es puro. Que no hay barreras, ni prejuicios, ni malos entendidos, veo que da igual de qué manera nos queramos. Da igual cómo lo hagamos, cuánto o cuándo, porque, no somos capaces de estar bien juntos.


Y ¿Sabes qué? Yo pensaba luchar por ti de todas formas. Yo pensaba luchar contigo de todas maneras, contra lo que fuera. Porque pensaba que lo nuestro era de esas cosas que perduran. De esos sentimientos sinceros que se consiguen poco a poco, que son tan difíciles de hallar. Por eso, por eso te regalé aquella pulsera. Aquella pulsera de plata que decía : "Ni el tiempo, Ni la distancia".

Porque elegí ser tu mejor amiga y pensaba seguir siéndolo por mucho tiempo.


Pero, hay cosas contra las que no puedo luchar yo sola.


Y aquí está el texto:



Porque, da igual cuantas cartas ella le mandara. Cuantas veces creyera en él o cuantas cosas le dedicara. No importaban los detalles que ella se propusiera hacer para contentarle. Ni aquellos chistes que hacía en los momentos difíciles, o aquellas veces que iba a visitarlo sólo por estar un ratito con él. No importaban todas aquellas veces que ella se ponía mal tan sólo porque le veía mal. Ni todas las veces que intentara consolarlo. Daban igual los momentos en los que le defendía de aquellos que no le conocían como ella. No importaban las tardes que pasaran juntos. Ni los momentos, ni los recuerdos, ni las anécdotas ni las horas que se pasaban hablando, como si el tiempo no influyera en ellos y no tuvieran qué hacer. Ya no importaban las discusiones ni las reconciliaciones anteriores. No importaba aquellos momentos en los que cuando uno sufría el otro sabía alentarle. Unas veces él… otras veces ella. Los paseos, las conversaciones, las risas. Cuando salían y hacían tareas normales, pero las hacían juntos, porque así era menos aburrido. Cuando hablaban por teléfono hasta que se daban cuenta de lo que costaba. Cuando ella estaba lejos y le echaba de menos. Cuando le regalaba pedacitos de ella para demostrar su cariño y para que él siempre pudiera tenerla presente, y entonces él, siempre los llevaba consigo.


¿Dónde quedaron los sentimientos que decían sentir? Aquella amistad que ella siempre calificó como la más sincera.


Aquellas tardes de lluvia que a él tanto le deprimían y que en las que ella intentaba animarlo. Tantas veces que ella se sentía mal y él intentaba alegrarla. Las mil tonterías que decían. Las partidas de ajedrez en las que ella siempre perdía. Las horas de clase, tan lejanas, en las que se miraban y se reían. En las que ponían caras absurdas mientras el profesor explicaba y cada uno a un extremo, reían. Aquellas palabras que se inventaron. Que repetían. Aquellos obsequios que él le daba por estar tiempo ayudándole. Las canciones que escucharon. Las películas y series que vieron. Toda la gente que conocieron. Tantas veces que se sentaron juntos, que hablaban, reían, discutían… se entristecían. ¿Por dónde quedaron? ¿Dónde están sus miradas, a veces cómplices otras frías? Aquellas miradas que mantenían hasta parpadear. Sus sonrisas. Sus miedos y sus defectos. Sus promesas. Donde quedó aquel papel la primera noche del año. Aquellos regalos que se dieron el día de Navidad. Las cosas que se prestaron. Las cosas que compartieron.

¿Dónde está ella y sus alocadas ideas?

¿Dónde él con su sentido común?

¿Dónde se esconde ella hablando por los codos, y él poco a poco animándose a hablar?

¿Por qué estaban juntos todas esas veces, si ya no estaban en el mismo lugar?

¿Por qué tan diferentes… otras tan parecidos?

¿Por qué dejaron huella por cada sitio que pasaban?


Y… ¿Por qué él no era capaz de sentir nada cuando ella le abría su corazón y tiraba la llave?


Cuando le enseñaba que su amistad era verdadera, valiosa.

Cuando quería demostrarle que ella estaría allí, para que sus días fueran menos aburridos.

Cuando la amistad sobrevivía a cualquier circunstancia.


¿Por qué ella podía estremecer y hacer llorar a tantos corazones, pero no al de él?


Por todos aquellos momentos que estuvimos juntos. Por un sueño sin retorno.

viernes, 3 de julio de 2009

Un instante.



Tanto tiempo preocupada y tú sin aparecer. A nadie más le importaba tanto como a mí, a nadie más le alertaba el peligro que acabábamos de correr y por el que tú aún podías estar pasando. Estábamos todos exhaustos, agitados por el momento por el que acabábamos de pasar y mientras tanto solo podíamos ver a través de nuestros salvadores como la gente caía. Como corrían los tiros de un lado a otro de las oscuras calles.
Todos nos resguardábamos tras las vallas, como si el peligro no pudiera derribarlas y mis ojos atravesaban los huecos entre los cuerpos de los agentes, buscándote. No te veía.
Ya estábamos a salvo, pero no estabas tú y para mí era como si aún yo estuviera en aquél campo de batalla totalmente indefensa. Era tan de noche que sólo veía negro y sombras.

Miraba a todos lados esperando ver tu cabecita sobresalir entre la gente, tan sólo saber que estabas sano y salvo. Y de repente, te vi. Nadie se fijó ni se percató de que una vida más se salvara y saliera de aquel infierno, que volviera con nosotros, pero para mí, aquello significaba más que cualquier cos. Y corrí con todas mis fuerzas hacia al inicio de aquella calle que estaba sobre mí donde tú te apoyabas sobre una barandilla con la mirada perdida. Corrí hasta a ti con los ojos empapados y embriagada totalmente por volver a verte de nuevo cuando más pensaba en el miedo que tenía a no volverte a ver. El miedo que se clavaba en mí como cristales.

Corrí y me lancé a tu espalda con los ojos a punto de derramar un océano y me aferré a ti mientras decía: Por Dios, déjame abrazarte. Joder, no sabes cuantas ganas tenía de tocarte de nuevo, como me moría sin saber nada ti. Pensé.. pensé... pensé tantas cosas. Déjame mirarte a los ojos, dejame besarte...(y le besé la mejilla). Déjame... déjamelo todo le decía mientras estaba allí entre la oscuridad, temblando y él me miraba atónito sorprendido por mi desesperación. Entonces mientras recitaba mi rezado le acaricié la mejilla con mi cara y cerré los ojos hasta llegar a rozar la textura húmeda de sus labios, entonces se lo repetí tras coger aire: Déjame... déjamelo todo. Y me sumí en los juegos de su boca. Me enredaba en su lengua y sus brazos que me recibían con ansia. Me envolví en sus besos como si fuera la primera y la última vez que lo hacía.

Ese fue mi último recuerdo. Es todo lo que conservo.
Nuestro primer y último beso, antes de que el negro de la noche y las balas nos cubrieran de arriba a bajo. Antes de volvernos fríos e inmóbiles piezas de guerra, con las manos entrelazadas en un suelo inerte y escarlata.

Y ahora, sólo me arrepiento de no habertelo dicho antes y haber disfrutado más tiempo del milagro de tus besos.

Te seguiré por toda la Oscuridad hasta encontrar de nuevo tus labios.

jueves, 18 de junio de 2009

El frío aliento de un oculto candor.


Ella se le acercó sin dejar de clavarle la mirada. Se puso a escasos centímetros de su cara mientras él la miraba con los ojos confusos y abiertos sin entender porqué ella lo miraba de esa manera y porque se atrevía a romper aquella intimidad.

No cabían en sus ojos más miedo. Él no podía dejar de mirar sus labios porque su mirada le hacía daño a la vista, le volvía vulnerable. La situación no podía ser más extraña para ambos. Y ella respiraba fuerte, mientras su pecho se movía rápido y se incrementaba la velocidad. Era como si el aire entre los dos no fuera el suficiente. Como si ella estuviera luchando por dentro contra ella misma.

Él se quería mover y romper aquella tensión, pero estaba paralizado por la reacción de ella. ¿Por qué?

Ella comenzó a llorar y sus lágrimas resbalaban por sus mejillas, mientras el aire fresco de la noche les movía el pelo, y les enfriaba a ambos la piel de los brazos y el cuello. Él comenzó a parpadear y quiso que parara, que ella dejara de una vez de llorar, pero él no podía reaccionar y no hacía nada. Le crecía un nudo en el estómago que sse volvía más y más grande cada vez que la veía mirándole con los ojos empapados en impotencia. Cada vez que veía como sus labios no dejaban de resoplar porque le costaba coger aire.

El viento hacía que el pelo de ella le acariciase el cuello y transportase su olor. Un olor dulce que le atormentaba los sentidos. Todo era tan confuso. Y el aire cada vez les erizaba más la piel.

Entonces ella apretó los labios intentando parar de respirar tan fuerte, y era como si los gritos salieran por sus ojos. Le puso una mano sobre el hombro mientras él seguía impactado, y se dio cuenta de que ella estaba temblando. Ella se fue acercando poco a poco con los ojos llorosos a él, gimiendo mientras apretaba los labios. Se acercaba con los ojos cerrados con fuerza y la cara empapada, sin parar de temblar y apoyó suavemente su cabeza sobre el cuello de él.

Gimoteaba sobre él mientras él seguía inmóvil ante tanto dolor y se le erizaba la piel del cuello en contacto con sus lágrimas. El olor de su cabello lo mareaba, y solo era capaz de cerrar los ojos e inhalar profundamente aquel aroma.

Ella no contuvo más su llanto y gritó. Lloraba a lágrima viva sobre su hombro y él con un escalofrío en el cuerpo despacio la rodeó con sus manos para consolarla. No sabía muy bien como hacerlo así que fue muy incómodo, pero era lo que creía que debía hacer. Ella se apresuró y le apretó fuerte contra sí, apretando con sus dedos su espalda, con miedo a que él se convirtiera en humo y se desvaneciera en cualquier momento.

jueves, 28 de mayo de 2009

De madrugada


En la vigilia es a veces
cuando más cuerdos estamos.

Cuando mejor entendemos
la cantidad de sandeces
de las que ya hemos hablado.

Las ironías del tiempo.

jueves, 21 de mayo de 2009

Hasta luego.


En su casa de Montevideo. Allí nos deja una de las celebridades más humanas de la poesía.
Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia.
Ni un nombre menos de los cinco que le pusieron. Ni un año menos de los 88 que vivió, sin su octogésimo octavo verano.

Allí nos dejó, en Uruguay. Pero nunca dejará de revolotear en nosotros con cada uno de sus versos. En cada sensación, cada sonrisa, en cada pelo que me erizó y en cada enseñanza que aprendí con sus palabras.

Tan corto el encuentro. Y ahora que por fin aprendía de un poeta vivo... nos deja.

Ayer leyendo sus poemas en el Inventario este me llamó la atención:


Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la misera y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.


Mario Benedetti.


Grande entre los grandes, nunca se marchará del todo.