miércoles, 16 de junio de 2010

Calm


Era de madrugada, quizás las agujas bailaban sobre las cinco y media, aunque de eso no tengo certeza. De lo que sí tengo una clara imagen, es de haber pasado un tiempo eterno sentada sobre la cama. Apoyada contra el cabezal , con las piernas flexionadas y mis brazos rodeándolas, dirigiendo la mirada al frente, hacia la puerta del balcón, aunque en realidad, mis ojos no miraban a ninguna parte. Estaban en blanco.


Oía el sonido que causaba el roce de los neumáticos con el asfalto, el ruido de aquellos que empezaban el día antes que el resto, dirigiéndose a cualquier lugar distinto de donde yo me encontraba. Cómo se oía el motor cada vez más cerca, como de repente; desaparecía. El murmullo de la cortina, balanceándose con la brisa fría que llegaba hasta la esquina de mi cama, que reptaba sobre la manta, y llegaba a mis pies, encogidos sin razón.


¿Y en qué pensaba?


No pensaba. Cualquier atisbo no sería más que una sensación ligada a cómo transcurría el tiempo agarrándose a ese silencio, con fuerza, con vigor... con agonía para no convertirlo en cristales rotos.


El aire fresco seguía entrando por la puerta del balcón, con más intensidad cada vez. Cerré los ojos, inspiré. Inspiré la noche hasta que el frío entró en mis pulmones y mis parpados volvieron a alzarse, lentamente. Se hacía de día.


Dejé caer otro suspiro de mis labios, y miré al espejo desde dónde estaba. Un espejo casi tan alto como yo erguida, apoyado por sus pequeñas patas en el suelo, largo, con su marco negro de madera bordeando su magia. Miré al espejo, y vi mi reflejo. Mi cara parecía suave, por el aire frío que había cerrado todos mis poros. Los pómulos se pronunciaban por el sello de mi boca, los labios presionados. Los ojos, enmarcados en una mirada distante y despreocupada. Mis cabellos se mecían con el viento mientras me inclinaba a mirar a la chica que me miraba sin mirarme, desde el espejo. No fui capaz de sostenerle la mirada por mucho tiempo más, así que la devié al frente, ya era de día.


Me froté las rodillas y los brazos, buscando provocarme calor, cerré los ojos fuerte y volví a inspirar. Estiré las piernas y me erguí, abriendo la cortina con una caricia y saliendo a la fría mañana, a saludar al Sol.


Quizás el resto, será otra historia. Una para escribir con otra pluma, próximamente.


PD: La imagen es mía, privilegios de la azotea.

5 comentarios:

  1. Me gusta...
    Siempre suyo
    Un completo gilipollas

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  2. Me gusta mucho como describes todo, haces que me imagine que estoy ahí.

    Un saludo.

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  3. Jaja tía, estoy enviciada a esos canales de youtube xDD. Estuve mirando cursos por emagister de maquillaje y me salio uno de éstetica (poner uñas, arreglarlas, maquillar..) en telde. A ver si en verano los llamo para enterarme. Son 4 meses y puede ser mañana o tarde. Te mantendré informada si te interesaa. MUAK

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