Ojalá saliera al balcón, y se me volase el alma para viajar y cuidar [de tu corazón todas las noches.
Ojalá la eternidad durara un poco más para morir y renacer mil veces. Para encontrarte en el camino una y otra vez, y otra vez más y vivir contigo las mil y una noches cada 365 días reiteradamente.
Ojalá estas noches de aire caliente no me recordaran tanto a ti a tu espíritu tempestuoso a tu miradas, y a tu sonreír. No me recordaran tus risas tus manos, y el brillo con el que tus ojos me miraban.
El mejor de mis sueños fue realidad. Y no lo supe distinguir en el momento preciso.
Por eso voy a clases particulares, para aprender a esperar. Para creer en la vida, en los sueños, y en el amar.
Para aprender a curar. Para aprender a respetar.
Para sobrevivir sin el elixir de tus manos y la droga de tu boca. Para vivir sin tus palabras, sin el roce de tus miradas y el calor que provocan.
Para sobrevivir feliz de haber conocido un sueño. Y seguir hasta que el destino vuelva a dejarte caer en mi camino.
Mis días no tenían nada de peculiares. Casi todo el día solo hasta que ella volvía. Hasta que volvía a casa. Solía volver a casa siempre sobre las nueve menos cuarto. Al llegar se oía el leve tintineo de las llaves, el pomo girando, y un suspiro que llenaba todo el salón. Abría aquél pequeño mueble que teníamos para colgar las llaves y que ella había pintado de amapolas y colgaba sus llaves, un ente compuesto por un 75% de llaveros y un 25% de llaves.
Después cansada se dirijía hacia la nevera a por una bebida, pero siempre que estuviera bien fría. Eso la complacía. Tan sólo a escasos metros (como en muchos pisos pequeños) se desplomaba sobre el sofá y se quitaba los zapatos. Encendía la tele y como todo le parecía aburrido, la dejaba encendida y se metía en el baño.
Ella sabía que yo me encontraba en la habitación de al lado pero me encantaba disfrutar de su ritual todas las noches. Mientras ella estaba en el baño, yo iba a la cocina, hacía algo de cena, no más que un par de sandwiches, una tortilla o arroz cuando intentaba impresionarla, pero siempre algo que estuviera acorde a mis dotes culinarias y mi poca imaginación ante los fogones.
Entonces yo me sentaba el sofá, me rascaba la barbilla y miraba la tele anonadado, sumido en mis pensamientos y en las ganas que tenía de que saliese del baño, llenando nuestro piso de vapor y me dedicase una de sus reconfortantes sonrisas.
De repente se oía como abría la puerta del baño y la esuchaba tarareando mientras salía con una toalla cubriéndole el pelo y uno de sus tan conocidos pijamas. Siempre me resultaban diferentes, o llevaba camisetas anchas con pantalones cortos y ajustados, o le daba más por las camisetas ajustadas y los pantalones anchos. No recuerdo por qué, siempre le atrajo la asimetría. Mientras venía al salón cargando con una de sus enormes sonrisas perfumaba toda la casa al completo. Cada rincón se impregnaba de su olor y era como si todo cobrase sentido para mi.
Llegaba me sonreía y volvía al baño, volvía sin la toalla, con el pelo húmedo si quieres llamarlo así, pero para mí estaba más que mojado. Su pelo despeinado, mojado y lleno de ondulaciones no hacía más que enmarcar su piel brillante y su frescura. Se sentaba a mi lado sin mirarme, como si no se hubiera dado cuenta de que estaba allí. Mechones de su pelo largo rozaban mis hombros y me mojaban. Podía sentir el roce de su piel, y no hacía más que aturdirme con aquel maravilloso olor a jabón.
A pesar de su estado húmedo, toda ella era siempre calidez. Ella y su imagen húmeda, cálida y su siempre agradecida sonrisa... eran todo lo bueno de mis días.
Cenabamos, nos mirábamos y pasabamos la noche acostados en el salón, con su cabeza en mi pecho y sus ojos robándome la vida cada vez que me miraba. Con ella no existían los inviernos.
Ahora, echo de menos que se lance al sofá. Echo de menos que me inunde su olor al entrar en casa. Que se acercara a mi con sigilo y me empapase con su húmeda melena. Acariciarla era una de las cosas que mejor sabía hacer. Sentir como su pelo y sus labios me erizaban la piel.
Como sus profundos ojos, me llenaban todo un día vacío.
Hoy es una de esas noches agradables. Una de esas noches en las que no hace frío ni calor, y es un placer estar fuera de casa bajo las estrellas.
Escribo desde el balcón. En una cálida manta sobre el frío suelo, en una de esas noches calmadas y calmantes en las que sólo me queda pensamiento para ti.
Tengo los pies descalzos y fríos, y las manos calientes bajo este abrigo.
Permanezco en silencio, no me gustaría romper la magia, y así mis oídos se llenan con los sonidos de la noche. El sonido de los coches pasar; el de los grillos; el sonido de las teclas al escribir y el de mi propia respiración pausada. También se escuchan murmullos a lo lejos, alguien que saldría un momento de casa, o por el contrario alguien que vuelve. Quizás es más de una persona. Los ladridos de los perros. Sus quejidos nocturnos capaces de llenar la noche de misticismo. E incluso el leve murmurar de mis propios latidos.
Prometí no volver a caer, no caer de nuevo en el saco de los corazones heridos. Y se me ha vuelto a escapar. Este maldito musculo traidor se ha vuelto a ir de mi para dejarme un hueco en el pecho, de esos huecos espantosos que se te notan si llevas una camiseta ajustada.
Me siento inmóvil e impotente bajo este imenso cielo lleno de estrellas. Me acuesto en el suelo boca arriba y se me llenan los ojos de negro azulado. ¿Y lo peor? Que no se me ocurre nada mejor para este instante que tenerte a mi lado. Nadie mejor que tu para apreciar cada diminuto detalle.
Ya no sé que decir o qué hacer. Cómo hacerte entender que tu manera de ser me ha cambiado el mundo y ha lavado mis pupilas de toda la tierra que le habia caido encima. Que nunca he visto con tanta claridad que es lo que quiero. Que no puedo borrarte de cada minuto que pasa.
Y que sería capaz de cualquier cosa por custodiar tu felicidad.
Que no tiene sentido pasarme horas diciendote lo importante que eres ni cuales son mis sentimientos, porque sé que nunca acabaría. Y es tal la intensidad que ni me doy cuenta de lo que escribo y una vez leido me asusta.
No se a dónde llevarán a parar las cosas.
Pero lo único cierto en este laberinto de preguntas y respuestas, lo susurra mi pecho a todas horas.
Tan sólo y hay que acercarse un poco, y dejarle hablar.
Es efímera, es frágil, es tan hermosa y excitante como hiriente y dolorosa, la Vida es todo menos larga, como muy bien pronunciaron sus labios aquella noche.
Quién sabe cuántos serán mis días, cuán intensos o difusos, cuán alegres o tristes, quién sabe cómo me tocará vivirlos, en dónde y con quién.
Aprendo que debemos tener fe en nuestros propósitos, en lo importante que es la voluntad y todas las puertas que es capaz de abrir.
Sé que si el tiempo se pone de mi parte, lograré crear cosas maravillosas, de una manera o de otra, para unos ojos o para otros, con palabras o con cualquier otro material, conseguiré a base de esfuerzo crear esos lazos entre el mundo que compartimos y mi mundo interior.
Y no sé que es, no soy capaz de explicarlo.
De qué material lo hicieron O porqué él es como es, Porqué me siento bien a su lado Porqué es tan atento, tan cortés y Tan reservado.
Porqué su mirada es dulce, Y sus brazos son calor, Porqué no le temo al tiempo, Al mundo ni al temor.
La vida desde sus ojos, Sabe mucho mejor, Esperar no me atormenta, No se me quiebra la voz.
Sé que algún día a su crudo corazón Llegará la primavera, Y ahí estaré yo.
Gracias, por enseñarme cada día, por salvarme de mí misma constantemente, por ponerte en mi lugar y hacerme sentir que ahí estarás…
Por abrirme las puertas a un mundo que no conocía y antes ni siquiera creía que existiera, porque aunque aún esté a las puertas, no me dan los ojos para maravillarme ante tanto esplendor… JBL*
Tengo ganas de empezar a correr y a decir todo lo que se me ocurra a viva voz.
De correr bajo la lluvia, de gritar, de gritarle al mundo cuatro verdades y dos mentiras.
Descontrolarme, soltar todo lo que me pase por la cabeza, sin enjuiciarlo, sin ver si es hermoso, desagradable, duro, malicioso o cruel. O quizás un poco de todo. Ser totalmente espontánea y dejar de pensar.
Poner al mundo bocaarriba y quedarme yo bocaabajo, mientras le busco sentido al sinsentido y la sangre corre irremediablemente hacia abajo para acumularse en mis sienes.
Désconectame, antes de que se me crucen los cables.
Todo mi mundo era gris... hasta que encontré tu camiseta roja.
Y no sé si quedan futuros para mí, en la caja del Destino.
O si me quedan más frases ingeniosas para cautivar tus sentidos.
Aún no sé si conseguiré olvidarme de lo que nunca ha ocurrido.
Ya no sé lo que pienso, y no entiendo lo que digo.
Dicen que los ojos son la ventana del alma. Que no mienten. Y que hay quien es capaz de acariciar con la mirada. De hablar sólo con los ojos.
He visto muchos ojos a lo largo de mi vida. Ojos con formas bonitas, ojos grandes, pequeños, almendrados, alargados, saltones, hundidos, marrones, azules, verdes, color miel, verdes-marrones, verdes-azules, grises, negros, brillantes, apagados, rojos de humo,tristes, contentos, llenos de lágrimas, llenos de vida...
No hay nada que los haga mejores o peores. No son más bonitos los ojos azules que los verdes ni los marrones o los grises. No hay algo específico que diga que unos ojos son especiales. Pero las miradas... la forma de mirar de una persona si puede ser realmente especial. Puede matarte de la angustia, de la culpa, del remordimiento, del miedo o derretirte por dentro. Pueden estar llenas de ternura, de deseo, de curiosidad, confusión, indiferencia, calma, aliento o incluso de odio.
Puedes mentir con los labios, pero no con los ojos.
No me importa callar, ni vivir en silencio mientras te sueño. Me da igual que caiga un mundo al que a veces creo que no pertenezco, el no ser capaz hablarte de cómo te veo. Me es igual siempre y cuando se apaguen tus ojos.
Porque ellos fueron los que me despertaron, y los únicos capaces de calmarme.
Video con escenas de la película "Great Expectations" (Grandes Esperanzas) basada en una novela de Dickens y una de mis películas favoritas. Película que consigue converme de nuevo cada vez que la veo. Imprescindible ver la escena del video que está en el minuto 3:07, es... indescriptible junto con el que considero el beso más dulce del cine que sale al principio de la película, beso del protagonista y Stella cuando eran pequeños.
Siempre he tenido esas imperiosas ganas de salir y dejarlo todo atrás.
He tenido ganas de romper los sentimientos que tanto daño me hacían. Ganas de tirar por la borda el trabajo de meses y años para abandonar o liberarme según fuera el punto de vista.
Soñar con volverme aire, con ser totalmente libre y no tener deberes ni responsabilidades.
Vivir acorde a las notas de un piano, acorde a la suavidad de los pétalos...
¿Qué me deparan los días?
Ya no creo en nada.
Sólo en que la realidad de hoy, es que nada es como ayer.
Ayer, cojí carrerilla y terminé "El fenómeno de las Fans". ¿Qué pasa? Que cuando me pongo a leer es antes de irme a dormir. ¿Y qué? Pues que no suelo estar mucho leyendo porque el sueño me puede. ¿Y todo esto?
Pues bien, primero quería dar las gracias a Bea por prestarme el libro (y por ser tan paciente, ya que lo tuve durante meses esperando) y decirle que tenía razón, no sólo era entretenido y fácil de leer sino que hace pensar. No sé qué tendrá Jordi Sierra i Fabra pero cuando escribe, muchas veces deja caer frases que consiguen dejarte absolutamente sin palabras. Cada vez que leía alguna que me gustara, rompía un pedazo de papel de donde podía y lo usaba de marcapáginas (Tranquila Bea, nunca del libro jaja). Y luego, para mi sorpresa resultaba que al final, además de artículos de una psicóloga que estaban muy bien la mayoría, te trae un recuento de frases destacadas en el libro.
Prefiero vivir con mis errores que con los de los demás.
El éxito es un mal amigo.
La cultura es absorber la vida, sentir las cosas, tener conocimientos y emplearlos cuando, como y donde convenga.
Y la frase que me enamoró:
Los poetas crean castillos en el aire, los locos los habitan y los psiquiatras cobran el alquiler.
Una situación se repite en mi vida continuamente, y sé que seguirá ocurriendo por una u otra cosa más adelante. Es como en una película en la que se repite rápidamente la misma escena, en la que la protagonista lleva distinta ropa en cada escena y se aprecian luces diferentes en cada una de ellas para que haga parecer que son días distintos.
Entro por la puerta de mi cuarto, me coloco en frente de la cama y me desplomo. A veces en vez de desplomarme por la parte inferior de la cama lo hago por un lateral, y en estos casos acabo con la cabeza y el pelo colgando. Una vez encima de la cama, miro al techo. A veces para concentrarme mejor cierro los ojos. Lo más seguro es que también suba las manos y las coloque por encima de la cabeza reposando sobre la colcha. Puede que las deje pegadas al cuerpo en un falso intento de intentar calmar mi cuerpo y relajarme, pero eso solo a veces. Las piernas pueden estar estiradas, flexionadas o incluso me puedo poner a levantarlas y llevarlas hasta la cabeza, con la simple intención de relajarme por completo.Muchas veces me mareo, sobre todo si estoy con la cabeza colgando. La sangres me baja a la cabeza y ese extraño momento de tensión es como si me aliviara, aunque cuando me incorporo vea estrellitas. Me calma supongo. Por eso al levantar las piernas me ocurre algo parecido.
Y en ese momento, cuando estás sola, con las luces apagadas y la ventana entreabierta, cuando sólo piensas en tus cosas, los sientes. Sientes como se acercan, oyes sus pasos y ahí deben de estar de nuevo. Deben estar aproximándose a donde estás, como siempre. Tan sólo giras un poco la mirada en dirección a la puerta y ahí se encuentran ellos dos. Vacilantes, con la sonrisa de oreja a oreja y ese asqueroso brillo en los ojos. Esa expresión en sus caras que denota sus intenciones hacia ti. Como si llevaran sogas en las manos para torturarte. Saben que se divertirán aunque para tí no sea un rato agradable.
Bienvenidos de nuevo, Frustración y Rechazo,
¿Cuánto tiempo no?
Es como una maldición, como si estuvieran destinados a visitarte cada cierto tiempo. como si fuera su trabajo. La tarea de Frustración consiste en ponerte nerviosa para dificultarte una buena elección a tus problemas. La de Rechazo consiste en volver negativas cualquier intención, llegando a hacer que todo te parezca inútil y sin valor.
Una vez entran en la puerta no puedes hacer nada por detenerles, excepto...
Excepto cerrar los ojos. Los ignoras y cierras fuerte los ojos, te relajas, te desahogas y te haces la dormida. Tan bien lo haces que acabas por dormirte. Al levantar, vuelves a estar sola en tu cuarto. Con las luces apagadas, y con la ventana entreabierta. Ya no te importa nada, hasta la próxima visita.
PD: La foto de esta entrada la saqué hace unos meses. El ambiente era precisamente el que aparece en la foto y me costó horrores para captarlo.
El amor no entiende al tiempo. No entiende de segundos, de minutos, horas, días, semanas o meses. Ni siquiera entiende de años.
No entiende de etnias, de prejuicios ni de posiciones sociales. El amor no entiende de colores, de belleza ni de sonrisas. No entiende de economía, de política o empresariales.
El amor, el mayor ignorante de todos. El que sin saber nada, nos hace sentir que lo sabemos todo.
El amor es mentira, o quizás no. No lo sé, nunca supe entenderme bien con él. Nunca supe comprenderle, y quizás por eso ya no me habla.
El verdadero amor, no conoce las agujas que marcan el tiempo. Le es indiferente el instante, el hoy o el mañana. Él sólo sabe contar en vidas, nadie le enseñó más. Dicen que perdura a través de los años, aunque nosotros no lo veamos, ahí está creciendo o disponiéndose a crecer. Que aguanta cualquier conflicto. Una conexión irrompible.
Qué bonita es la teórica, me digo, esta tarde que rompió con el calor de estos días para dar paso a la frescura de una tarde azul. En la penumbra de mi cuarto, nunca tan ideal, sobre el tierno colchón en el que se van depositando las suaves notas del saxofón mientras iluminada por la única luz que queda, la del ordenador donde guardo mis palabras, suspiro y me pregunto:
Normalmente suelo escribir para desahogarme, suelo soltar lo que siento y lo muestro, aunque siempre lo codifico. Siempre está en otro plano, con otros nombres, otras palabras, escondido entre metáforas... quizás porque me divierte hablar (escribir) así.
Cuando escribo directamente lo que pienso, lo que siento, sin... complejidades ni escondites, ni correcciones es como si me rasgara el pecho y lo dejara al descubierto. Sé que si quien tiene que leer esto, lo leyera, yo quedaría mal. Quizás porque pienso que aún no es el momento de que lo lea, quizás porque tengo miedo de que no sepa reaccionar a lo que escribo.
Pero, sé que no lo leerá. No lo leerá porque no me suele leer. Porque no entiende mis textos, no los comprende ni le interesan. Sé que no lo hará, porque aunque a veces yo sea capaz de estremecer a personas con tan sólo palabras, a él nunca he podido estremecerle. Nunca sintió un texto mío, ni mis palabras, ni mis sentimientos, aunque muchos fueran sólo para él. Nunca, logré conectar con él de esa manera. Y quizás otros sí. Quizás con otros él si podía decir más que un monosílabo o una frase de 5 palabras para describir un texto de más de 150 que hablaba sobre él mismo. Quizás si valoró los sentimientos o la dedicación de otros.
Y lo siento. Siento no haber podido nunca adentrarme en ese huequito que se encuentra entre su pecho y su espalda. Porque cuando él me decía que no quería perderme, yo me estremecía. Cuando él decía que le importaba, me hacía sentir bien. Sentía que todo lo que hacía valía la pena. Porque cuando yo pasaba mi tiempo con él, yo me sentía bien. Cuando sonreíamos o nos mirábamos, sentía que no estaba sola.
Y sé que nunca nos entenderemos. Que estamos destinados a ciclos sin retorno. A pasarlo bien, y a sufrir. Pero ya no puedo seguir sufriendo.
Desde que le conocí, sentí que era especial. Luego, con el tiempo, me enamoré de él. Y tras mucho sufrir conseguí olvidarme. Conseguí olvidarme de él porque por encima de todo le quería, y me quería a mi misma, y sólo podíamos hacernos daño. Y ahora... ahora que lo que siento es puro. Que no hay barreras, ni prejuicios, ni malos entendidos, veo que da igual de qué manera nos queramos. Da igual cómo lo hagamos, cuánto o cuándo, porque, no somos capaces de estar bien juntos.
Y ¿Sabes qué? Yo pensaba luchar por ti de todas formas. Yo pensaba luchar contigo de todas maneras, contra lo que fuera. Porque pensaba que lo nuestro era de esas cosas que perduran. De esos sentimientos sinceros que se consiguen poco a poco, que son tan difíciles de hallar. Por eso, por eso te regalé aquella pulsera. Aquella pulsera de plata que decía : "Ni el tiempo, Ni la distancia".
Porque elegí ser tu mejor amiga y pensaba seguir siéndolo por mucho tiempo.
Pero, hay cosas contra las que no puedo luchar yo sola.
Y aquí está el texto:
Porque, da igual cuantas cartas ella le mandara. Cuantas veces creyera en él o cuantas cosas le dedicara. No importaban los detalles que ella se propusiera hacer para contentarle. Ni aquellos chistes que hacía en los momentos difíciles, o aquellas veces que iba a visitarlo sólo por estar un ratito con él. No importaban todas aquellas veces que ella se ponía mal tan sólo porque le veía mal. Ni todas las veces que intentara consolarlo. Daban igual los momentos en los que le defendía de aquellos que no le conocían como ella. No importaban las tardes que pasaran juntos. Ni los momentos, ni los recuerdos, ni las anécdotas ni las horas que se pasaban hablando, como si el tiempo no influyera en ellos y no tuvieran qué hacer. Ya no importaban las discusiones ni las reconciliaciones anteriores. No importaba aquellos momentos en los que cuando uno sufría el otro sabía alentarle. Unas veces él… otras veces ella. Los paseos, las conversaciones, las risas. Cuando salían y hacían tareas normales, pero las hacían juntos, porque así era menos aburrido. Cuando hablaban por teléfono hasta que se daban cuenta de lo que costaba. Cuando ella estaba lejos y le echaba de menos. Cuando le regalaba pedacitos de ella para demostrar su cariño y para que él siempre pudiera tenerla presente, y entonces él, siempre los llevaba consigo.
¿Dónde quedaron los sentimientos que decían sentir? Aquella amistad que ella siempre calificó como la más sincera.
Aquellas tardes de lluvia que a él tanto le deprimían y que en las que ella intentaba animarlo. Tantas veces que ella se sentía mal y él intentaba alegrarla. Las mil tonterías que decían. Las partidas de ajedrez en las que ella siempre perdía. Las horas de clase, tan lejanas, en las que se miraban y se reían. En las que ponían caras absurdas mientras el profesor explicaba y cada uno a un extremo, reían. Aquellas palabras que se inventaron. Que repetían. Aquellos obsequios que él le dabapor estar tiempo ayudándole. Las canciones que escucharon. Las películas y series que vieron. Toda la gente que conocieron. Tantas veces que se sentaron juntos, que hablaban, reían, discutían… se entristecían. ¿Por dónde quedaron? ¿Dónde están sus miradas, a veces cómplices otras frías? Aquellas miradas que mantenían hasta parpadear. Sus sonrisas. Sus miedos y sus defectos. Sus promesas. Donde quedó aquel papel la primera noche del año. Aquellos regalos que se dieron el día de Navidad. Las cosas que se prestaron. Las cosas que compartieron.
¿Dónde está ella y sus alocadas ideas?
¿Dónde él con su sentido común?
¿Dónde se esconde ella hablando por los codos, y él poco a poco animándose a hablar?
¿Por qué estaban juntos todas esas veces, si ya no estaban en el mismo lugar?
¿Por qué tan diferentes… otras tan parecidos?
¿Por qué dejaron huella por cada sitio que pasaban?
Y… ¿Por qué él no era capaz de sentir nada cuando ella le abría su corazón y tiraba la llave?
Cuando le enseñaba que su amistad era verdadera, valiosa.
Cuandoquería demostrarle que ella estaría allí, para que sus días fueran menos aburridos.
Cuando la amistad sobrevivía a cualquier circunstancia.
¿Por qué ella podía estremecer y hacer llorar a tantos corazones, pero no al de él?
Por todos aquellos momentos que estuvimos juntos. Por un sueño sin retorno.
Tanto tiempo preocupada y tú sin aparecer. A nadie más le importaba tanto como a mí, a nadie más le alertaba el peligro que acabábamos de correr y por el que tú aún podías estar pasando. Estábamos todos exhaustos, agitados por el momento por el que acabábamos de pasar y mientras tanto solo podíamos ver a través de nuestros salvadores como la gente caía. Como corrían los tiros de un lado a otro de las oscuras calles. Todos nos resguardábamos tras las vallas, como si el peligro no pudiera derribarlas y mis ojos atravesaban los huecos entre los cuerpos de los agentes, buscándote. No te veía. Ya estábamos a salvo, pero no estabas tú y para mí era como si aún yo estuviera en aquél campo de batalla totalmente indefensa. Era tan de noche que sólo veía negro y sombras.
Miraba a todos lados esperando ver tu cabecita sobresalir entre la gente, tan sólo saber que estabas sano y salvo. Y de repente, te vi. Nadie se fijó ni se percató de que una vida más se salvara y saliera de aquel infierno, que volviera con nosotros, pero para mí, aquello significaba más que cualquier cos. Y corrí con todas mis fuerzas hacia al inicio de aquella calle que estaba sobre mí donde tú te apoyabas sobre una barandilla con la mirada perdida. Corrí hasta a ti con los ojos empapados y embriagada totalmente por volver a verte de nuevo cuando más pensaba en el miedo que tenía a no volverte a ver. El miedo que se clavaba en mí como cristales.
Corrí y me lancé a tu espalda con los ojos a punto de derramar un océano y me aferré a ti mientras decía: Por Dios, déjame abrazarte. Joder, no sabes cuantas ganas tenía de tocarte de nuevo, como me moría sin saber nada ti. Pensé.. pensé... pensé tantas cosas. Déjame mirarte a los ojos, dejame besarte...(y le besé la mejilla). Déjame... déjamelo todo le decía mientras estaba allí entre la oscuridad, temblando y él me miraba atónito sorprendido por mi desesperación. Entonces mientras recitaba mi rezado le acaricié la mejilla con mi cara y cerré los ojos hasta llegar a rozar la textura húmeda de sus labios, entonces se lo repetí tras coger aire: Déjame... déjamelo todo. Y me sumí en los juegos de su boca. Me enredaba en su lengua y sus brazos que me recibían con ansia. Me envolví en sus besos como si fuera la primera y la última vez que lo hacía.
Ese fue mi último recuerdo. Es todo lo que conservo. Nuestro primer y último beso, antes de que el negro de la noche y las balas nos cubrieran de arriba a bajo. Antes de volvernos fríos e inmóbiles piezas de guerra, con las manos entrelazadas en un suelo inerte y escarlata.
Y ahora, sólo me arrepiento de no habertelo dicho antes y haber disfrutado más tiempo del milagro de tus besos.
Te seguiré por toda la Oscuridad hasta encontrar de nuevo tus labios.
Ella se le acercó sin dejar de clavarle la mirada. Se puso a escasos centímetros de su cara mientras él la miraba con los ojos confusos y abiertos sin entender porqué ella lo miraba de esa manera y porque se atrevía a romper aquella intimidad.
No cabían en sus ojos más miedo. Él no podía dejar de mirar sus labios porquesu mirada le hacía daño a la vista, le volvía vulnerable. La situación no podía ser más extraña para ambos. Y ella respiraba fuerte, mientras su pecho se movía rápido yse incrementaba la velocidad. Era como si el aire entre los dos no fuera el suficiente. Como si ella estuviera luchando por dentro contra ella misma.
Él se quería mover y romper aquella tensión, pero estaba paralizado por la reacción de ella. ¿Por qué?
Ella comenzó a llorar y sus lágrimas resbalaban por sus mejillas, mientras el aire fresco de la noche les movía el pelo, y les enfriaba a ambos la piel de los brazos y el cuello. Él comenzó a parpadear y quiso que parara, que ella dejara de una vez de llorar, pero él no podía reaccionar y no hacía nada. Le crecía un nudo en el estómago que sse volvía más y más grande cada vez que la veía mirándole con los ojos empapados en impotencia. Cada vez que veía como sus labios no dejaban de resoplar porque le costaba coger aire.
El viento hacía que el pelo de ella le acariciase el cuello y transportase su olor. Un olor dulce que le atormentaba los sentidos. Todo era tan confuso. Y el aire cada vez les erizaba más la piel.
Entonces ella apretó los labios intentando parar de respirar tan fuerte, y era como si los gritos salieran por sus ojos. Le puso una mano sobre el hombro mientras él seguía impactado, y se dio cuenta de que ella estaba temblando. Ella se fue acercando poco a poco con los ojos llorosos a él, gimiendo mientras apretaba los labios. Se acercaba con los ojos cerrados con fuerza y la cara empapada, sin parar de temblar y apoyó suavemente su cabeza sobre el cuello de él.
Gimoteaba sobre él mientras él seguía inmóvil ante tanto dolor y se le erizaba la piel del cuello en contacto con sus lágrimas. El olor de su cabello lo mareaba, y solo era capaz de cerrar los ojos e inhalar profundamente aquel aroma.
Ella no contuvo más su llanto y gritó. Lloraba a lágrima viva sobre su hombro y él con un escalofrío en el cuerpo despacio la rodeó con sus manos para consolarla. No sabía muy bien como hacerlo así que fue muy incómodo, pero era lo que creía que debía hacer. Ella se apresuró y le apretó fuerte contra sí, apretando con sus dedos su espalda, con miedo a que él se convirtiera en humo y se desvaneciera en cualquier momento.
En su casa de Montevideo. Allí nos deja una de las celebridades más humanas de la poesía.
Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia.
Ni un nombre menos de los cinco que le pusieron. Ni un año menos de los 88 que vivió, sin su octogésimo octavo verano.
Allí nos dejó, en Uruguay. Pero nunca dejará de revolotear en nosotros con cada uno de sus versos. En cada sensación, cada sonrisa, en cada pelo que me erizó y en cada enseñanza que aprendí con sus palabras.
Tan corto el encuentro. Y ahora que por fin aprendía de un poeta vivo... nos deja.
Ayer leyendo sus poemas en el Inventario este me llamó la atención:
Defender la alegría como una trinchera defenderla del escándalo y la rutina de la misera y los miserables de las ausencias transitorias y las definitivas
defender la alegría como un principio defenderla del pasmo y las pesadillas de los neutrales y de los neutrones de las dulces infamias y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera defenderla del rayo y la melancolía de los ingenuos y de los canallas de la retórica y los paros cardiacos de las endemias y las academias
defender la alegría como un destino defenderla del fuego y de los bomberos de los suicidas y los homicidas de las vacaciones y del agobio
defender la alegría como un derecho defenderla de dios y del invierno de las mayúsculas y de la muerte de los apellidos y las lástimas del azar y también de la alegría.
Mario Benedetti.
Grande entre los grandes, nunca se marchará del todo.
Hoy dejé de predicar con el ejemplo que me enseñaste. Sé que podemos exagerar cuando la tensión nos come, pero no me es grato ver en mí algo que no es corriente.
Algo que estoy más que harta de difundir aunque la gente no me tome en serio. Algo de lo que me sentía orgullosa de entender y de haber aprendido. Y ahora me siento defraudada. Me siento defraudada por defraudarte. Incómoda.
Me he pasado esta corta vida aprendiendo de ti. Aprendiendo que si uno no trabaja y no se esfuerza no conseguirá nada. Aprendiendo que debemos olvidarnos de lo que hacen los demás y obrar como creemos correcto. He aprendido que no aprenderás a valorar un detalle hasta que te decepcionen y por eso debes librar a los demás de lo que tu has sentido en tus propias carnes.
Siempre con una sonrisa en la cara. Siempre intentando romper la tensión. Intentando sacarme adelante, sacarnos a todos. Descuidándote a ti misma por velar nuestra salud, tanto física como emocional. Demostrándonos cada minuto que somos razones por la que existir. Demostrándonos que podemos con todo lo que se nos ponga delante, que las limitaciones se vuelven cristales cuando las escuchamos de tu boca.
Y hoy me despreocupé. Hoy acaté el camino de menguar la importancia, intentando ser como el resto del mundo. Ya no era el seguro que todos esperábamos. Dejé de ser la que siempre se preocupa por no deufradar y se pasa la vida sermoneándo al resto del mundo intentando que todos obren de la manera que ella cree que es más correcta. Dejé de ponerme en el lugar de otro para simplemente ignorar. Para devaluar. Y eso no me ha hecho feliz.
No me siento orgullosa. No me siento satisfecha. Tampoco me siento tan terriblemente mal, no quiero sacar las cosas de contexto, pero la verdad es que no me gusta esa faceta. Hacer tú también lo que les dices a los demás que no es bueno hacer. De nuevo un saludo a la hipocresía. Al menos puedo darme cuenta de que es un fallo que aunque sea normal, no puedo permitirme. No debo permitirme. Y con ello no quiero decir que no me vuelva a despreocupar, porque soy humana y me equivocaré constantemente, pero debe haber algo dentro de mí que luche por mejorar, que combata y que cada vez haga que ocurra lo más mínimo. Que pueda dar ejemplo de que es posible intentar hacer el menor daño posible a los demás.
Posiblemente no sepas del todo que no solo has sido imprescindible sino que además has sido la pieza clave para que yo hoy sea lo que soy. Has sido quien me ha animado a seguir adelante todas las veces que me he caído. La que me compone los pedazos. Y la que no sólo me dio la vida sino también la que me la devuelve todos los días.
Y... a veces no somos capaces de demostrarlo a diario, ni siquiera a menudo. Pero, es que nunca tendré suficiente con lo que agradecerte.
Gracias por hacerme vivir y por acompañarme continuamente.
Te quiero.
Puede que me arrepienta de subir la foto porque no me gusta subir fotos personales, pero... al menos hoy te la mereces.
Aún recuerdo cuando escribí este poema, dónde y por qué. También recuerdo que fue tras la lectura de un gran poeta chileno que desgraciadamente ya no nos acompaña en nuestros días. Sus profundos poemas han llegado a oídos de todos marcando sus versos en cada poro de nuestra piel. Imposible no conocer uno de sus versos más famosos que reza:
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Implacables los versos de Neruda que se recopilan en su obra Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Su lectura, junto a una cálida tarde y a mi fijación por expresar al mundo los sentimientos más espontáneos y por conservar cada uno de tus recuerdos me llevo a escribir algo diferente. Simplemente un acercamiento a poder ilustrar con palabras fugaces segundos, quizás minutos en los que mi atención se volcó en tu figura, queriendo traspasar tu cuerpo. Este poema no es mejor ni peor que cualquier otro que haya escrito, tan solo diferente. Y solo por ser diferente merece que lo ponga aquí.
19.02.09
Tibio. Como las veraniegas tardes percibo tu cuerpo. Te observo cuando tus ojos caen rumbo al suelo y apoyado se alzan tus hombros.
Dubitativo. Dueño de la insatisfacción y presa del silencio. No eres consciente de los movimientos de tus manos ni de la encarnizada lucha que corre entre tus dientes y tus labios.
El vacío te golpea el pecho, mientras una extraña sensación te invade.
Una falsa paz y un desconcierto se suman en tu persona. Desaparecen las ganas. Tu voz se apaga nuevamente y cuando toma impulso es como si hasta ella dudase de su mera existencia y sólo se encuentran en tí ecos.
Ecos de las palabras que salieron de tu pecho y nunca llegaron a rozar tus labios. Pensamientos que en tí se ocultan y de los que ni tú mismo albergándoleseres fiel a ellos.
El silencio que guardas te libra de las mil y una amarguras que pueden causar las palabras, pero te privan a su vez de las delicias mismas.
¿Cómo vives sin sabor muchacho, cuando mi lengua arde por probar el cielo de tu boca?
Las sonrisas que por ti nacensaben más dulces. Tus miradas prolongan la efímera vida de las mariposas que me nacen bajo el pecho, alborotándolas incesantes por salir de mi boca.
El perfume de tu piel se adentra en mí creando adicción y dependencia. Adormeciéndome en la más dulce sensación, tanto que me hace creer que capaz seríade vivir con tan solo respirarte.
Y en ocasiones me pregunto porqué mis ojos te observan. Y como a muchas preguntas, quedo yo sin respuesta.
La lluvia se convirtió en mi espejo. Como los sentimientos, las gotas cada vez más grandes y concisas, me golpeaban la cara precipitándose contra mis pestañas. Contra mis manos, contra mi pelo, mis labios.
Y vi como corrían los torrentes, como fluía el agua.
Sentía esa humedad en la piel.
Aun no comprendo como pasé del frío al calor. Como pude sentir la calidez en contacto con el frío de la lluvia.
Quizás siempre me ocurre igual, y soy capaz de aguantar el poco calor que me entregues a pesar de todo el frío que me des.
Vivir entre la humedad que tanto me recuerda a... tu boca.