
Tengo ganas de rasgar. De morder, de cortar. De arrancar.
De saltar por la ventana y beberme a la tranquila y húmeda Viena nocturna.
De corromper con miradas. De robar alientos. De elevar los gemidos y alzar los sueños. De tener el todo en las manos. De flotar. Tengo ganas de correr y girar, de explotar. De arrancar con los dientes los sinsentidos para condenarlos al exilio perpetuo.
De gritar. Tengo tantas ganas de gritar.
Ganas de fundirme con la noche para esconderme con ella del día.
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