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lunes, 27 de diciembre de 2010

Por todas partes

¿Sabes?


Me apasionan tantas cosas, que casi siempre pienso que me faltan cantidades inmensurables de tiempo para ser capaz de disfrutar de la mayoría de ellas. Que necesitaría unas cuantas vidas más, y que aún así, nunca quedaría lo suficientemente conforme.


Mis ganas de viajar. Mis libros leídos y los millones por leer. Mis canciones, las que me llenan de alegría, las que me torturan, las que me hacen salir de cualquier circunstancia o las que me transportan al pasado. Mis olores. Mis benditas películas con sus distintos diálogos inmortales. Mis fotos. Mi amor por la fotografía. Cada uno de mis textos y la necesidad de escribir que perdura en ellos. La maravillosa poesía que me desarma constantemente. La pintura a quien tengo tan abandonada. Todos los benditos artistas que son capaces de conmover y mover esos pequeños hilitos que existen dentro de mi y hacerme estremecer con el ideal de ser capaz algún día de crear esas mismas reacciones.


El arte. En cada bendito ámbito... es el único consuelo que le queda a estos inexpertos huesos.
El arte... de crear sonrisas, de hacer feliz a alguien, de vivir en equilibrio, el arte de sentir y de sufrir... el increíble arte de dar vida a lo inerte, de ofrecer segundas oportunidades, de hacer relucir.


Cada pequeño acto, cada miserable sentimiento, cada reacción, cada casualidad, cada maldito átomo y cada extraordinaria voluntad... es arte.




Mi único amor incondicional
y mi única verdadera esperanza reside en un proseguir de los días envuelto en las aspiraciones de seres imperfectos, efímeros y vanos en el noble arte de crear para rasgar la perfección con la punta de sus indignos dedos.